El seispuntismo de la banda de los 4 para domesticar la sociedad

Viernes 05 de octubre de 2007 | 04:20
Escribe:   Federico Fasano Mertens

Decíamos en anteriores “Cosa Vostra” (sinónimo de antimafia), que las guerras o los proyectos históricos no se ganaban más con balas, sino con información inteligente y dirigida. También dijimos que el poder conservador uruguayo monopolizaba todos los resortes del poder, acumulando el poder del Estado, el poder del gran capital y el poder inmenso de los medios masivos de comunicación, prensa, radio y televisión.
El 1º de marzo de 2005, ese poder sesquicentenario sufrió un severo revés, perdiendo su alianza con el Estado.

El Estado en ese día fundacional pasó a ser conducido y administrado por primera vez en la historia nativa, por la izquierda uruguaya, que en andas de un tsunami de sufragios alcanzó la mayoría absoluta del cuerpo elector, hecho éste desconocido desde la restauración democrática impuesta por el Fuenteovejuna oriental.

Sin embargo ese poder herido conservó las mayorías accionarias de las sociedades anónimas de la información y la comunicación, que son las usinas desde donde se dirige la energía necesaria para impedir la construcción del nuevo Uruguay solidario, productivo y humanista que propone el amplio abanico de alianzas alumbrado por el Frente Amplio. Es así como el bloque mass mediático conservador aliado al gran capital, dirigido por Búsqueda, El País, Canal 10 y Radio Sarandí (la banda de los 4 diría mi amigo Sarandy Cabrera) y una multitud de aliados que superan el 90% del circuito informativo, junto a algunos capitales advenedizos de menor monta que se colaron en el proyecto, diseñan, preparan y ejecutan la contraofensiva para frenar el avance popular, desalojar al Frente Amplio del Edificio Libertad y recuperar al Estado como aliado de sus intereses mercantiles y culturales con el propósito de domesticar la sociedad.

Este bloque hegemónico, sólo sufre parcialmente la ausencia de un Estado nodriza que hoy le es esquivo en el entusiasmo solidario de clase al que estaban acostumbrados, pero que aún no le ha puesto los límites democráticos que demanda la sociedad, ya sea por ingenuidad o por considerar que es un problema con el que no se puede.

Frente al bloque conservador se erige una pequeña aunque convencida muralla de medios de comunicación alternativos, un diario, un periódico de suscripciones 5 veces por semana, tres semanarios, dos radios, un canal de televisión privado que además no es abierto y algunos programas aislados de radio y televisión permitidos por los dueños de las ondas, enredados en las leyes de la contradicción dominial.

Completa el panorama, la voz estatal en televisión y radio, inequívocamente minoritaria y defensora de la filosofía de la neutralidad.

Los dos bloques comulgan en concepciones antagónicas e irreconciliables.

El bloque mediático del statu quo y el establishment se apoya en 6 pilares. Es el denominado seispuntismo conservador. Estos son 1) la libertad de empresa garantiza la libertad de prensa; 2) la propiedad privada es la garante de la democratización informativa; 3) el consumidor, lector o audiencia es el que manda; basta que no compre el diario o cambie de programa para que su poder sea ejercido; 4) en nuestro país la mayoría de los periodistas ejercen su profesión con independencia y los dueños de los medios les permiten trabajar con un alto grado de libertad profesional; 5) en el sistema uruguayo de información predomina el periodismo objetivo; 6) en el sistema uruguayo de información no hay crisis de representatividad, todos los sectores sociales y políticos tienen voz y son participantes.

El bloque mediático progresista es la antítesis de esta tesis, con el agravante de que en esta pareja de contrarios no puede haber síntesis dialéctica como enseñaba Hegel.

Intentaremos destinar varias “Cosa Vostra” de los próximos viernes para desnudar los 6 mitos de la comunicación dominante.

Comenzaremos por explicar dónde reside el poder real.

De los tres protagonistas sobre los que se desenvuelve el modelo de información vigente, Estado, medios y sociedad, este último, la sociedad, razón de ser del sistema, es el único que no participa ni resuelve nada.

En el tríptico anteriormente descrito no hay duda, para cualquier observador imparcial, que son los medios de información masiva quienes mandan en el circuito noticioso.

Sabido es que la comunicación es poder y el poder de la comunicación en el Uruguay lo ejerce férreamente la estructura privada de información.

Ni el Estado, ni mucho menos la sociedad, participan en grado relevante en las parcelas de ese poder. El modelo se apoya en una libertad de prensa considerada como libertad de empresa y como asunto privado que excluye de su ejercicio a las mayorías. Su identidad es diseñada por la concepción mercantil de la información, la alta rentabilidad, la supremacía del derecho administrativo sobre el derecho social y el desconocimiento del servicio público del acto de comunicar.

El simpático discurso neoliberal ha confundido deliberadamente la libertad de expresión de la sociedad con la libertad de poseer medios de comunicación, confundiendo también la libertad de difusión de las ideas con la libertad de difusión del medio y la libertad de información con la libertad del informador. En fin, confundiendo deliberadamente la libertad de prensa con la libertad de empresa.

No existe hoy en la sociedad globalizada de la información, la libertad de prensa tal como la consideraron los que la defendieron en el siglo XIX con su vida. Los que la concibieron como libertad de expresión.

Lo que sí existe y hoy es una condición necesaria pero no suficiente para alcanzar los objetivos humanistas de una comunicación para los ciudadanos es la libertad de difusión y la libertad de fundar medios de comunicación. Pero esta última es una libertad limitada por el poder económico al que sólo una minoría de ciudadanos puede acceder. Se requieren fortunas para poner en funcionamiento un medio de comunicación masivo.

La afirmación de Thomas Jefferson “es la libertad de prensa la que protege nuestras otras libertades”, hoy carece de sentido en la era de la cibernética y de la feroz monopolización de los medios.

El poder de los mass media es el único poder que no requiere sustento democrático. Su estrategia se basa en la división tajante entre emisores y receptores, que históricamente fue una expresión de la división clasista del trabajo. Es una típica relación de poder. Yo informo, tú sos informado.

El próximo viernes continuaremos deshuesando los mitos que sostienen el discurso del establishment informativo. *

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