Hoy quedará formalmente instalada en la Ciudad de México, después de siete largos
años de esfuerzos y desilusiones, una nueva utopía realizable surgida de lo profundo
de nuestra América Latina: ALASEI (Agencia Latinoamericana de Servicios Especiales
de Información).
Cuando en1976 la Conferencia de Costa Rica consagró la necesidad de crear una
agencia de este tipo y el esfuerzo colectivo de un nutrido grupo de dirigentes de la
comunicación se puso en marcha, alentados desde la UNESCO por el peruano
Carnero Rogué, contando con el apoyo decisivo de hombres de la talla de Roberto
Savio, González Manet, Luis R. Beltrán, Luis Javier Solana, Boris Moreno, Eduardo
Stein, Alberto Ruiz Eldredge, Luis Aníbal Gómez, Guido Grascorso, Patricia Anzola,
Eleazar Díaz Rangel, Danilo Aguirre, entre muchos otros, eran pocos los que
apostaban a la suerte de este “proyecto moribundo”, como fuera calificado en los
centros de la dominación.
Pues bien, este “proyecto moribundo” que en 1980 consigue el aval de tres jefes de
Estado de la región, y que en 1981 logra que el VII Consejo Latinoamericano del
SELA creara el Comité de Acción ALASEI, en 1982 obtiene la declaración de
UNESCO que otorga al proyecto la consideración de “máxima prioridad para la
región”, y hoy recibe su certificado de nacimiento y reconocimiento internacional.
El mayor mérito de ALASEI es haber insistido y persistido —por lo menos hasta este
momento — en el esfuerzo endógeno, único camino para superar la dependencia, la
desigualdad informativa y el desequilibrio del flujo.
ALASEI, siguiendo los pasos de ASILA (Acción de Sistemas Informativos Nacionales),
abre un proceso hacia el desarrollo de la capacidad comunicacional de nuestros
países en desarrollo, intentando la autosuficiencia en el sector.
En momentos en que el sistema internacional de información está siendo
transformado en la maquinaria de control más poderosa hasta el presente, poniendo
en peligro nuestras identidades nacionales, nuestras estructuras culturales y hasta
nuestras posibilidades de independencia real, ALASEI instala en la escena su oferta
ética y política basada en el desarrollo autónomo, la independencia cultural, la unidad
nacional, la cooperación horizontal y el esfuerzo endógeno. Y con habilidad, busca la
autosuficiencia sin caer en el aislamiento, apoyado en la solidaridad internacional,
pero al mismo tiempo poniendo en tensión sus capacidades propias.
Para ALASEI nuestros países dejarán de ser tratados como meros renglones de
rendimiento marginal y en un acto de autoconfianza política y rescatando una
expresión democrática y autodeterminada de la cultura regional, se propone “no
excluir sino complementar el flujo informativo existente, produciendo y difundiendo
materiales de prensa capaces de inducir conciencia tanto en los medios como en la
población sobre los esfuerzos nacionales y regionales hacia un desarrollo integral,
humano y armónico, mediante un tratamiento contextualizado, interpretado o analítico
de los hechos y procesos sociales”.
¿Cuál será el estilo ALASEI? Sus promotores explican que las pautas editoriales
estarán encaminadas sobre todo a valorar lo estructural y lo trascendente por encima
de lo coyuntural y lo provisional, enfatizando los procesos sociales dinámicos en
contraste con el tratamiento estático de los hechos aislados y contingentes. Los
materiales intentarán responder a una ecuación profesional formada por la suma de
contenido interesante más rigor documental, más lenguaje inteligible, expresados a
través de artículos analíticos, interpretativos y contextualizados que no estarán atados
a la inmediatez de la “noticia caliente o dura”, sin por ello ser intemporales. La
diferencia estribará que en lugar de presentar el hecho aislado se buscará incluirlo en
su entorno, como parte de un proceso, con tiempos, protagonistas, antecedentes y
consecuencias que exceden al hecho mismo pero le dan sentido y razón de ser,
permitiendo un proceso de reflexión y toma de conciencia por parte del receptor, en
lugar de saturarlo con noticias aisladas, sin ningún valor social.
El área geográfica de acción incluirá 27 países del continente, operándose en
castellano e inglés mediante artículos especiales, boletines radiales en voz y por
escrito, servicios especiales para televisión y flujos de información especializada que
comenzarán a ser editados a partir del segundo año de operaciones con un volumen
de 15 mil 900 palabras diarias que alcanzarán durante el quinto año de edición las 55
mil 400 palabras por día. Se utilizará un sistema de telecomunicaciones de alto nivel
técnico basado en el uso de satélites y microondas, descartándose el uso de sistemas
como el télex, el radioteletipo y similares.
Sus fuentes de financiamiento serán la cooperación internacional, regional y nacional,
la venta de artículos periodísticos, y la venta de servicios especiales de prensa y de
comunicaciones. De los 10 millones de dólares que se necesitan para financiar la
Agencia durante los próximos cinco años, 7 millones se esperan obtener de fuentes
extrarregionales. Se prevé recuperar los costos a fines del quinto año de operaciones,
con lo cual se ha dado un plazo razonable para “ablandar” el mercado y confrontar las
metas teóricas con la praxis.
La agencia tendrá la naturaleza jurídica de una empresa multinacional de cooperación
que contará con la participación de todos los componentes que intervienen en el
proceso de la comunicación. Estará integrada por los doce Estados signatarios
(Bolivia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Granada, Guyana, Haití, México, Nicaragua,
Panamá, República Dominicana y Venezuela), por la Federación Latinoamericana de
Periodistas (FELAP), por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), por la
Asociación Interamericana de la Comunicación (ALAIC) y por la Federación
Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS). Todas estas
entidades serán miembros plenos del Consejo de ALASEI en una experiencia inédita
entre gobiernos y sectores sociales de la comunicación.
Y si bien los gobiernos se reservan ciertas áreas de decisión, es el Consejo quien
mediante la voluntad de dos tercios de sus integrantes fijará las políticas de la
empresa. La sede estará en México, gracias a la tenacidad de Héctor Ezeta que
impulsó la iniciativa y a la voluntad política del secretario de Gobernación, Manuel
Bartlett y de su subsecretario Javier Wimer, quienes con el acuerdo del presidente de
los mexicanos la hicieron posible, revirtiendo la tendencia de abandono e indiferencia
en el sector internacional de la comunicación que caracterizó la mayor parte de 1982.
Haber llegado hasta aquí es considerado un milagro por no muchos observadores. Sin
embargo, los próximos pasos, la puesta en marcha de las operaciones, superando un
camino preñado de obstáculos, erizado de dificultades, constituirán la prueba de fuego
de esta nueva esperanza de la comunicación alternativa en una América Latina
invadida por flujos de cientos de millones de signos por segundo producidos por
formidables corporaciones transnacionales de la información.