Antes de alcanzar la solidaria tierra mexicana el teniente coronel Rodolfo González Díaz
—degradado y descalificado de las Fuerzas Armadas uruguayas por haber bautizado a su
hijo con el peligroso patronímico de Líder— hizo una prolongada escala en Brasil, donde
brindó importantes declaraciones a la Secretariat International des Juristes pour L’Amnistie
en Uruguay (SIJAU), cuya labor en el terreno de los derechos humanos del pueblo uruguayo
una vez más alcanza niveles de singular eficacia.
Las declaraciones del militar democrático servirán para engrosar el impresionante dossier
noir acumulado durante estos largos años de ignominia. En conversación personal a su
arribo a México, producido en el día de ayer, el teniente coronel González nos pareció un
militar honesto y democrático que no acertaba a explicarse cómo los celosos guardias de las
instituciones republicanas uruguayas, durante 83 largos años, decidieron convertirse, de una
noche para otra, en virtual máquina de demolición del paradigma de la democracia liberal en
América del Sur. Sin poder comprender cómo podía haber alcanzado tal grado de
degradación militar en la tierra del más alto nivel cultural de América Latina y en el país
antaño portador de una mística de respeto a los derechos humanos sin precedente en la
región, con más de 60 artículos constitucionales consagrados a su defensa.
Obviamente —le comentábamos— las claves debemos buscarlas, en la historia universal.
Las mismas que nos explicaron cómo las inocentes damas adineradas de la burguesía
francesa, dedicadas a la beneficencia y a la caridad, de un día para otro trocaron su
inofensivo pasatiempo por la terrible tarea de cegar con la punta de sus sombrillas las
pupilas de los comuneros parisienses prisioneros.
Le preguntamos sobre los militares patriotas que con gallardía enfrentaron a sus pares
perjuros convirtiéndose en la conciencia crítica de la institución, y por primera vez
observamos una profunda pesadumbre en el rostro del teniente coronel González. Nos
explica que ese fue un tema que privilegió en sus declaraciones al SIJAU y que teme por la vida y la salud de sus compañeros presos. Nos da los nombres de los procesados y sus
lugares de confinamiento inhumano. Son ellos: general Liber Seregni, general Víctor
Licandro, coronel Carlos Luis Lazo, mayor Carlos Dutra, mayor Ariel Gerona, mayor Walter
Maceira, mayor Juan Antonio Rodríguez, mayor Guillermo Castelgrande, mayor Uruguay
Brum Canet, mayor Jaime Igorra, capitán Edison Arrarte, capitán Carmelo López, capitán
Carlos Cabán, capitán Antonio Buela, teniente José Martínez Salgueiro y teniente Saverio
Casella. Otra forma de persecución a los militares constitucionalistas —explicó— reside en
la aplicación del polémico inciso G de la nueva Ley Orgánica Militar aprobada por la
dictadura y por la cual se dispone el pase a retiro a oficiales superiores y oficiales generales
que no aportaran pruebas suficientes de garantía y apoyo a la seguridad y al desarrollo
nacional mediante la aplicación de este inciso, el régimen de facto pasó a retiro a 35
coroneles, a un general del Ejército y a 27 altos oficiales de la armada.
Los tribunales militares desbordan de trabajo —enfatiza González— y los jueces procesan a
nuestros compañeros actuando por convicción y no por prueba y valiéndose de delatadores
conocidos como el sargento Danilo Irigoyen, el sargento Salvador Romay, el sargento
Martirena y el soldado Walter Lagrota.
A esta altura de la conversación González Díaz se entusiasma y nos comenta el fervor y la
movilización del pueblo uruguayo contra la nueva Constitución militarista y autocrática que
se plebiscitará mañana, afirmando, que aunque está seguro del fraude electoral, la consulta
significará el comienzo del fin del régimen y la no muy lejana libertad de sus camaradas de
armas. Aunque la política y la quiromancia nunca fueron buenas amigas, le aventuró un
pronóstico en el cual creo con ciertas bases: gana el voto negativo por más de un 55 por
ciento y no habrá fraude. Obviamente hay más de esperanza que de convicción científica en
mi afirmación, aunque algunas razones tengo para ello: a) La dictadura se confió demasiado
en la impresionante propaganda por el SI, en la persecución a los que propagandeaban el
NO (el joven Marcelino Pérez Piñeiro fue detenido con volantes por el NO y está detenido
con un pedido de hasta 6 años de prisión), en la desinformación (el proyecto se conoció 30
días antes del acto comicial) y sobre todo en el chantaje sin rubor afirmando en comunicado
público que “sí no nos votan nos quedamos” y el pueblo cansado de gobierno militar votaría
el SÍ para que dentro de unos años dejaran el lugar a los civiles. b) Esta confianza, hasta
hace 30 días se veía confirmada por ciertas encuestas que les aseguraban que en definitiva
el temor de la gente hacía innecesario el fraude. Pero bastó que permitieran una mínima
expresión contra el proyecto militar, para no dar la impresión de “unanimidad”, que la
indignación popular, tantas veces contenida, se volcara en esta última semana en forma incontenible por el NO, en una bola de nieve que a último momento les es difícil controlar. c)
Ante esta nueva situación, en las últimas 72 horas se han multiplicado las declaraciones
militares señalando que no es tan importante el triunfo del NO y que aunque el proyecto sea
rechazado el proceso continuará su curso. Por lo menos son sospechosas tan reiteradas
declaraciones de último momento. d) La dificultad en organizar el fraude tardíamente.
Si bien el artículo 115 del decreto respectivo prohíbe el control partidario en el escrutinio,
podrán estar presentes ciudadanos observadores voluntarios y periodistas nacionales y
extranjeros en el recuento de votos. Y la oposición tolerada, según las últimas informaciones
que nos llegan de Montevideo, ha decidido ubicar varios observadores en las 2632 mesas
receptoras. La escasa cantidad de mesas receptoras y la confianza inicial de los militares
que autorizaron observadores y periodistas, aunque no control formal partidario, les
impedirá —creemos— poder montar un fraude óptimo.
Cuando el coronel José Kacherián, coordinador del plebiscito, informe a las 18:30 de hoy
(hora mexicana) sobre los primeros cómputos correspondientes a 500 mesas receptoras
que abarcarán el 8 por ciento de todos los sufragios, probablemente el mundo se lleve una
sorpresa mayúscula: los militares, pese a todo su poder y confianza, habrían sido
derrotados.