Otra Derrota de la Tiranía Uruguaya. El Caso Vilaró: Lecciones de la Unidad Antidictatorial

Ayer, martes 20 de junio, a las 12.30 hora mexicana, el vuelo N° 362 de K.L.M. procedente de Montevideo, dejaba en tierra holandesa, en la ciudad de Ámsterdam, a uno de los prisioneros políticos uruguayos más reclamados en los últimos meses: Ricardo Vilaró Sanguinetti, ex vicepresidente de la poderosa Convención Nacional de Trabajadores de ese país, hoy sometido a una de las más feroces dictaduras fascistas que oprimen la porción austral de América Latina.

Culminaba así una intensa campaña mundial por su libertad.

Se cerraba una nueva y humillante derrota internacional de la tiranía uruguaya. Se consagraba el triunfo de la solidaridad y la civilización sobre la barbarie entronizada por los militares que asaltaron las instituciones uruguayas e implantaron el terror como método, sistema y objetivo de sus proyectos genocidas.

Hace escasos dos meses denunciábamos, -el 13 de abril último- en estas páginas de EL UNIVERSAL, la triste primicia del secuestro de Vilaró a las puertas mismas del penal donde acababa de cumplir cinco dantescos años de ilegítima prisión y torturas.

La libertad del dirigente sindical, decretada por la propia justicia militar que lo procesó al cumplir íntegramente la pena, no fue respetada por los marinos uruguayos que lo secuestraron en plena vía pública y lo trasladaron al temible cuartel de fusileros navales que tan siniestra fama se ha ganado en este torneo de depredaciones, y volvieron a torturarlo con la finalidad de arrancarle confesiones que ameritaron un nuevo procesamiento por quién sabe cuántos años más.

El temple de Vilaró, y de tantos y tantos dirigentes populares hoy cautivos en las mazmorras de la tiranía, volvió a derrotar los intentos del régimen. Y la solidaridad internacional que hoy jaquea a las dictaduras de un extremo al otro del mundo, quitándoles el mal sueño a los terroristas de uniformes que se adueñaron de ese pequeño pero digno país, volvió a probar su eficacia contundente. Y volvió a dejarnos lecciones que no debemos desechar.

El exilio, el destierro, pena temida como la que más en la antigüedad, y hoy sufrida por el impresionante éxodo sureño que cubre el mundo múltiples veces, ha caído en la tentación de minimizar el accionar solidario, de desesperar -rescatando un pensamiento de Benedetti- ante las férreas dictaduras y ante el lento, lentísimo por momentos, proceso de oxidación.

Mil veces se pone en movimiento la máquina solidaria, pero no mil veces las prisiones son abiertas para liberar a los mártires del fascismo.

Sin embargo la erosión probada, que esas mil denuncias provocan en las dictaduras, y los ejemplos, escasos -cada vez menos escasos- pero reanimadores del poder de la solidaridad y la fraternidad, no deben llevar a bajar la guardia, sino más bien, a multiplicar la denuncia para abrir las puertas infamantes de las cárceles que hoy violentamos para liberar a los Ricardo Vilaró, pero que aún aprisionan, en el Uruguay sometido, a los Líber Seregni, a los Raúl Sendic, a los Massera, a los Héctor Rodríguez, a los Gerardo Gatti, a los Julio Castro, representantes dignos de los millares de cautivos que hoy pueblan el gran campo de concentración en que han convertido a esa República.

Y el “caso Vilaró” deja dos claras lecciones: La lección de la unidad en la solidaridad y la lección de saber aprovechar la increíble torpeza de una dictadura arrogante pero poco inteligente. Unidad en la solidaridad porque los esfuerzos por rescatar a Vilaró unieron a todas las fuerzas antidictatoriales uruguayas que hoy ven premiada su lucidez en la emergencia.

Como debe -y puede-constituirse en bandera de unidad solidaria, de una vez por todas, el rescate mancomunado de Seregni, Sendic, Massera, H. Rodríguez, Gatti, J. Castro.

Si todas las fuerzas opuestas a la tiranía se vuelven un solo puño para golpear al unísono y coordinadamente, sin fisuras, aprovechando las torpezas de un enemigo jaqueado por la indignación mundial y en franca retirada, no serán pocos los Vilaró que volverán a ser libres.

Es cierto que la dictadura es torpe y demora en aprender su lección. Pero no juguemos a que vuelva a equivocarse. El altísimo precio político que pagó por la torpeza de secuestrar a Vilaró después de haber cumplido la pena que ella misma le había impuesto, seguramente no volverá a repetirse.

En este caso el Gobierno de Holanda protestó enérgicamente y con valor.

El mismo gobierno que le había otorgado asilo y donde residía la mujer y los tres hijos de Vilaró, que hoy después de tantos años sin poder verlo renovarán con una alegría a la que adherimos la inmensa felicidad del reencuentro de una familia deshecha, pero no quebrada.

Amnesty, ese premio Nobel que no le perdona a la tiranía uruguaya sus villanías y W.O.L.A. dirigida con el tesón de Joseph Eldridge, implacable en la denuncia y fecundo en la eficacia aprovecharon el error uruguayo y contribuyeron a rescatarlo con vida.

El Parlamento Europeo exigió en un acto sin precedentes la libertad del dirigente, llenando de oprobio al régimen que no esperaba tamaña reacción.

Y para colmo de sus males la dictadura tuvo que tragarse las palabras del presidente del poderoso Partido Demócrata Cristiano de la República Federal de Alemania, Dr. Kurth

Biden-kopf quien, en carta al gobierno de facto del Uruguay, le advirtió que “es asombroso el número de prisioneros, el nivel de torturas y la situación de los derechos humanos en su país y si estos hechos continúan será imposible para Alemania continuar las relaciones económicas y políticas, y trabajar juntos en especial en el cuadro de organizaciones internacionales que dan la ayuda financiera a su economía, vía el Banco Mundial”. Para terminar luego exigiendo que “Vilaró sea liberado de su arresto ilegal en un cuartel de la Marina muy conocido por su nivel de torturas”.

Y en medio de la respuesta unánime de la comunidad internacional indignada, como pulmones incansables, las decenas y decenas de comités uruguayos de solidaridad en el exilio, brindando el ejemplo de una lucha desigual pero fecunda, positiva, importante e irrenunciable.

Y que hoy, alentados con esta nueva victoria, estamos seguros crecerán en su accionar, cobrarán nuevas fuerzas, gestando la unidad política en la solidaridad y en la coordinación antidictatorial para tumbar el fascismo, restablecer la democracia y castigar a los culpables de los crímenes de lesa nación.

¡Comparte en tus redes sociales!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *