PRUEBAS DE LA NUEVA ESCALADA REPRESIVA. URUGUAY DESAFÍA AL MUNDO CIVILIZADO

Uruguay, pequeña república austral de nuestro continente, no hace mucho Suiza de América para algunos, edén de la democracia para otros, acaba de proclamar fácticamente su decisión de consolidar su aparato estatal terrorista desafiando a la opinión pública mundial.

Este pequeño pero digno país, sometido a fuerzas militares de ocupación, exhibe su ruina moral y material con una fuerza tal que los politólogos del hemisferio no han dudado en señalarlo como el ejemplo más cruel de lo que es capaz de perpetrar el terrorismo fascista en América Latina.

Y si tenemos en cuenta que el viejo liberalismo uruguayo, cargado de arcaicas glorias y prestigio, pero agotada ya su incumplida tarea histórica, dejó paso sin luchar a esta caricatura de tiranía mezcla de racismo y dictadura de clase, no podemos dejarnos de preguntar cuál fue la causa de esta pesadilla que desde 1968 se desencadenó en Uruguay llegando a su clímax con el golpe de estado de 1973, asombrando al mundo por sus crímenes en los últimos 5 años.

Su explicación será tema de comentarios posteriores, útiles para entender no sólo el proceso uruguayo, sino el origen y la extensión de esa mancha negra que desde el sur austral del continente avanza hacia el norte de América Latina, y que hoy tiene como barrera infranqueable al gobierno y al pueblo mexicano.

Detengámonos hoy en la actual etapa del proceso uruguayo.

La dictadura, derrotada en todos los frentes económicos, políticos, sociales e internacionales donde actúa, ensaya un repliegue táctico mediante hábiles y condicionadas salidas institucionales.

Pero en su repliegue implanta la política de “tierra arrasada”, tendiente a eliminar a los dirigentes políticos que realimentarán el inevitable proceso de masas.

Y el nuevo plan de exterminio selectivo acaba de dar inicio.

Los cables de agencias internacionales, de las últimas dos semanas, trajeron su cuota dramática al respecto.

Primero fue el secuestro del ex vicepresidente de la central obrera, Ricardo Vilaró Sanguinetti, a los pocos días la desaparición del cuartel militar donde se encontraba detenido el líder político y agrario Raúl Sendic, fundador del Movimiento de Liberación Nacional. Y finalmente, hace escasas jornadas, la condena a 14 años de prisión al General Líber Seregni, presidente del Frente Amplio del Uruguay.

Seregni, Sendic y Vilaró, con orígenes y tácticas políticas distintas, pero todos ellos unidos por la militancia histórica del pueblo uruguayo contra la tiranía más despótica que conociera su historia, constituyen las pruebas más elocuentes del nuevo plan de exterminio puesto en práctica por los militares uruguayos.

El mundo civilizado no puede entender cómo -mientras el fascismo en Argentina, Chile y Bolivia retrocede hostigado por la lucha de sus pueblos y la unánime condena mundial- Uruguay, burlándose de la “debilidad” de sus compinches de ruta, proclama la “guerra santa” hasta el final.

Y saben elegir lúcidamente sus blancos. Seregni, Sendic y Vilaró no fueron elegidos al azar.

Analicémoslo.

El General Seregni, uno de los militares patriotas latinoamericanos de mayor prestigio y respeto, junto con centenares de oficiales y soldados democráticos que hoy pagan con la cárcel su vocación libertaria en el Uruguay sometido, constituye el juicio más implacable que soportan hoy los compañeros de uniforme que asaltaron las instituciones republicanas violando el juramento sagrado.

El Seregni que condenaron a 14 años de prisión, superando en varios años el petitorio fiscal, es el mismo Seregni que hace 10 años cuando el aspirante a tiranuelo Presidente Pacheco Areco le exigió reprimir a los obreros con las fuerzas de la región militar más importante del Uruguay, comandada por el propio Seregni, no dudó en negarse a desenvainar su espada contra su propio pueblo y en un gesto que lo honró, le tiró le renuncia en la cara y cruzó al otro lado de la trinchera.

Es el mismo Seregni que hace 7 años fundó la coalición popular y progresista más poderosa que recuerde la historia uruguaya: el Frente Amplio y sus once organizaciones políticas signatarias.

Es el mismo Seregni que pudo irse del Uruguay ocupado militarmente y optó por quedarse resistiendo a la opresión al frente de su pueblo.

Y es el mismo Seregni, degradado en un acto sin precedentes en la vida militar uruguaya, pero condecorado por las masas populares que recogiendo sus galones desgarrados le otorgaron el título más preciado que militar alguno obtuviera en toda la vida de ese país: GENERAL DEL PUEBLO.

Y Sendic, el legendario Raúl Sendic, que cerradas todas las puertas de la legalidad democrática recorrió los campos uruguayos a lo largo y a lo ancho, fundando múltiples sindicatos campesinos y los embriones del Movimiento de Liberación Nacional.

Las herramientas rebeldes forjadas por Sendic enfrentaron al despotismo, jaqueando al aparato represivo de la dictadura pachequista.

El Sendic que hoy vuelve al potro del tormento para intentar doblegarlo, desconociendo sus verdugos la fibra indoblegable de la raza campesina que le dio vida a todos los Sendic de hoy, es el mismo que confinado durante meses al fondo de un aljibe continuó asestando con su dignidad golpes certeros a sus verdugos de uniforme.

Y Ricardo Vilaró…Ricardo Vilaró que optó desde muy joven por militar en las luchas del pueblo uruguayo por su liberación definitiva.

Que optó por integrarse al movimiento de masas, representando al proletariado uruguayo en su formidable y unitaria central de trabajadores, donde fue distinguido con el puesto de lucha de vicepresidente.

Que optó por integrar un movimiento político, los Grupos de Acción Unificadora (G.A.U.), cuya característica más saliente fue postergar sus intereses partidarios en aras de la unidad más amplia de las fuerzas populares.

Es el mismo Ricardo Vilaró que integrando el comando dirigente de la huelga general que durante 15 impresionantes días enfrentó al golpe de estado del 21 de junio de 1973, es detenido, torturado y encarcelado durante 5 largos años.

Y es el mismo que al cumplir sus años de condena, es detenido por la Marina uruguaya a la salida del penal, desconociéndose aún su paradero.

Seregni, Sendic y Vilaró, símbolos de la unidad antidictatorial y pruebas vivientes del nuevo plan genocida aprobado por la tiranía uruguaya, han conmovido a la opinión pública del mundo civilizado, que intenta rescatarlos con vida.

La campaña internacional por las vidas de Seregni, Sendic y Vilaró, que acaba de iniciarse en todos y cada uno de los países democráticos del orbe, culminará, -no lo dudamos- en una nueva derrota internacional de la dictadura uruguaya.

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