48 horas con el Presidente del milagro chileno: Lagos, el antihéroe civilizador de Chile

¿Tabaré Vázquez, será Lula el tornero de la esperanza, en la Nación más grande y desigual de nuestra América la pobre, o se mimetizará con Kirchner, el hombre de la región helada que puso de rodillas a los implacables organismos financieros internacionales, o adoptará el estilo y la esencia de Chávez, el héroe bolivariano que inició la revolución de los pobres en el rostro mismo de la oligarquía más ensoberbecida al sur del Río Bravo, o acaso será Lagos el moderado civilizador chileno que terminó con la pujante derecha trasandina apelando al reformismo social demócrata, alejándose de las políticas del presidente mártir, Salvador Allende? 

Quizás no sea uno de ellos, ni tampoco la síntesis de todos. Quizás sea sólo Tabaré Vázquez, el oncólogo socialista, que juró cumplir un programa de desarrollo y crecimiento con equidad, apoyado por la mitad más uno de los ciudadanos de este país que decidieron no postergar más la idea de que otro Uruguay es posible. 

Lula, Kirchner y Chávez son más conocidos por el pueblo uruguayo. Su impronta carismática, su mayor exposición pública internacional, sus polémicas y las poderosas Naciones que los sustentan, facilitan ese mayor conocimiento. 

Ricardo Lagos, el socialista del milagro económico chileno, de un más bajo perfil internacional que sus colegas progresistas, es menos conocido en sus raíces y en su fronda, en su epidermis y en su esencia. 

Cumple hoy 5 años de gobierno, portando en sus alforjas, un 60%, el mayor índice de popularidad que gobernante alguno haya alcanzado en América del Sur, casi al término de su mandato -le resta sólo un año- cuando el desgaste de las simpatías colectivas se hace sentir en la imagen de los estadistas. 

¿Cuál fue su fórmula? ¿Cuál su modelo? ¿Es verdaderamente socialista esté abogado economista que Allende eligió para ser embajador en la URSS?  

¿Tabaré Vázquez o el programa de la izquierda política uruguaya, tienen algo que ver con el presidente chileno y la coalición de la Concertación Democrática -PS-PPD-PDC- que lo situó en el Palacio de la Moneda? 

Para aproximarse a estas incógnitas, que creo de interés para la izquierda uruguaya, que hoy debuta en la administración del país, es que acepté la invitación personal del Presidente Lagos para departir, dialogar, convivir, observar junto a él, dos días a bordo de su avión presidencial, recorriendo el norte de Chile en el marco del quinto aniversario de su gobierno y el quince aniversario de su gestión como ministro de Cultura de la Concertación Democrática. 

Los periodistas invitados fuimos: Julio Scherer del periódico mexicano Proceso, Monte Reel del diario estadounidense The Washington Post, Jhonathan Franklin del diario británico The Guardian, Jorge Elías del diario argentino La Nación y yo. 

Lo que sigue es un resumen de lo que dijo a su pueblo durante esos dos días de gira, de documentos que me entregó y de las conversaciones con él, algunas en forma conjunta con mis 4 colegas invitados, otras en una cena privada con 5 invitados, otras en momentos fugaces dentro del avión que nos trasladaba y otra más extensa, intensa y exclusiva en su despacho de trabajo del Boeing presidencial que duró todo el viaje de retorno a Santiago. 

¿Tiene razón el mito neoliberal que afirma que darle más a los ricos eleva la tasa de crecimiento? 

Arranqué en esta entrevista final con lo que más me obsesionaba de su mandato, la diferencia tan abismal entre el milagro económico del país y la cruel desigualdad social, que ubica a Chile como uno de los países más injustos en la distribución de la riqueza. 

Le comenté las palabras del vicepresidente del Banco Central del gobierno de Salvador Allende, el economista Hugo Fazio, afirmando que en el año 2004 la economía chilena había crecido 5,9% pero el desempleo se había elevado al 8,8% y la desigualdad había avanzado. 

¿Cómo era posible que las impresionantes cifras de la economía chilena, contrastaran de tal manera con una distribución del ingreso peor que en 1981, una de las distribuciones más desiguales de América Latina? 

Fui aún más lejos y pregunté sin anestesia: ¿Tiene razón entonces el mito neoliberal que afirma que la desigualdad genera crecimiento económico y que sólo éste, una vez logrado, proporcionará la igualdad? y agregué: Los neoliberales afirman que lo que determina el crecimiento es la tasa de ahorro y como los pobres no ahorran y los ricos sí lo hacen, es la desigualdad, según ellos, la que eleva la tasa de ahorro; darle más a los ricos eleva la tasa de crecimiento. El caso chileno parece darles la razón, fundamenté provocadoramente. 

La respuesta de Lagos fue pausada, lenta, meditada pero sin titubeos: “He trabajado estos cinco años para los grupos sociales históricamente relegados, buscando romper el mecanismo de reproducción de la pobreza. Tiene razón usted que estamos entre los países más desiguales del mundo, pero esa lacra que heredamos la estamos derrotando”. 

“Ningún país ha sido capaz de reducir tan drásticamente el porcentaje de pobreza”. 

Quienes dudan del carácter socialmente progresista de mi gobierno -dice subiendo el tono- los desafío a que mencionen a otro país donde en los últimos años la cuarta parte más pobre de su población ha duplicado su ingreso monetario, al igual que también lo ha hecho la cuarta parte más rica. 

Y agrega: “Pero el bienestar no se mide sólo con indicadores monetarios; si usted le añade los indicadores no monetarios, la casa gratis, los textos escolares, la capacidad de acceso a bienes y servicios fundamentales, verá que los indicadores de bienestar en Chile son mucho más igualitarios que antes. Sume usted los ingresos monetarios más los ingresos no monetarios y verá que los sectores más pobres multiplicaron por cuatro su acceso a bienes y servicios mientras que los más ricos sólo lo duplicaron. Es cierto que promovimos el crecimiento económico con fuertes impulsos a la iniciativa privada pero siempre lo hicimos con la mira puesta en la equidad social”. 

Le indicamos al Presidente Lagos que al asumir su mandato la tasa de desigualdad era una afrenta a la sociedad chilena: un 10% de ricos se quedaba casi con el 50% del ingreso per cápita nacional, mientras que un 10% de pobres recibía sólo el 1% del ingreso. 

Nos respondió que en este quinquenio esas cifras habían cambiado aunque seguían siendo  

injustas: “El quintil más rico gana 19 veces más que el quintil más pobre”. Luego nos alcanzó los resultados de la encuesta Casen elaborada por Mideplan y con orgullo nos dijo: “Casi hemos terminado con la miseria en Chile, que es la que más cuesta erradicar y la que más indigna a la condición humana; sigue existiendo la pobreza pero la miseria está acorralada, sólo entre 2000 y 2003 la extrema pobreza, la indigencia, bajó un 4,7% abandonando la marginalidad más de 120 mil personas”. 

También se refirió a la reducción de los niveles de pobreza simple: “Ningún país ha sido capaz de reducir tan drásticamente el porcentaje de pobreza”. 

Le hacemos notar que era tan abismal la desigualdad que apenas se priorizó este problema, las cifras de la equidad saltaron hacia arriba pero que pese a ello Chile sigue siendo el segundo país más desigual de América Latina. 

Lagos insiste en su tesis de ingresos no monetarios que los indicadores de la desigualdad no registran: “Nosotros elevamos el piso de la ciudadanía, ampliamos el contenido de la ciudadanía social, concentramos el esfuerzo público en ayudar a quienes tienen menos, ya prácticamente no hay analfabetos, garantizamos doce años de escolaridad obligatoria, el 95% de los alumnos cuentan con salas de computación y el 75% tiene acceso a Internet, entregamos más de 12 millones de textos escolares en forma gratuita y 2 millones de raciones alimenticias para los estudiantes, y somos el primer país de América Latina en tener un sistema de evaluación docente”. 

La salud no fue marginada del diálogo: “Es un derecho ciudadano que contribuye a la libertad de la persona y hemos emprendido una reforma de la salud, dando respuesta a las nuevas necesidades de una población cuya expectativa de vida pasó de 50 años a 79 años de vida”. Nos explicó luego las características del plan piloto Auge que mejoró sustancialmente la red asistencial y la infraestructura hospitalaria beneficiando directamente a 1 millón seiscientas mil personas. Y en materia de vivienda nos informó que sólo el año pasado el Fondo Solidario de Vivienda resolvió la situación habitacional de 112.252 familias. 

“Estamos entregando 100 mil viviendas por año y hoy casi un 80% de las personas son propietarias de las viviendas que ocupan. El año próximo esperamos que no exista un campamento (villas miserias) más en todo el territorio chileno. Y el 100% de las viviendas en Chile tiene acceso continuo a energía eléctrica y agua potable, duplicándose en los sectores rurales el acceso al alumbrado eléctrico”, ratificó con pasión el Presidente. 

Lagos también nos informa que “estamos ante la revolución más grande que existe en la historia de Chile en materia de infraestructura y eso también es para el pueblo; lo que se ha hecho en estos 14 años no tiene parangón en la historia de la ingeniería y en la historia de la infraestructura de Chile”. 

“La izquierda probó que sabe gobernar y es más eficiente que la derecha”. 

Pero, presidente, le dije con cierta pesadumbre ¿no cree usted que habiendo duplicado el crecimiento anual pasando del 3% al 6%, asombrando al mundo, Chile tendría que haber abandonado casi el último lugar de la desigualdad social latinoamericana? ¿No cree usted que están en las mejores condiciones para acercarse a ese sueño milenario de compatibilizar los valores de la libertad con los valores de la igualdad convertidos en paradigmas por la Revolución Francesa? ¿No será, que el modelo neoliberal que usted heredó sigue influyendo más de lo que puede permitir un modelo humanista como el que usted propicia? ¿O coincide usted con el gran ginebrino, Juan Jacobo Rousseau, quien afirmaba que “la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad?”. 

Lago sonrió. La conversación derivaba hacia un terreno de ideas donde su pragmatismo podía poner las cosas en su lugar. 

“En primer lugar -contestó Lagos- yo tenía que probar al mundo capitalista y a la derecha de mi país, que la izquierda sabe gobernar y que es más eficiente que la derecha y además que no es incompatible el crecimiento económico con la búsqueda de la equidad. 

Y creo haberlo probado. Según The Economist, Chile es el mejor país para vivir en América Latina ubicándose en el 31 lugar en un listado de 111 naciones sobre calidad de vida, mientras la firma Suiza IMD nos calificó como la economía más competitiva del subcontinente y el Foro Económico Mundial nos ubicó en el 22 lugar en el mundo, mientras la Cepal califica a Chile como el único país que ha cumplido con la meta del milenio de reducir la pobreza extrema”, enfatizó el Presidente. 

“En segundo lugar -complementó Lagos- luego de probar que la izquierda chilena sabe gobernar, probamos que la fuerza de las cosas contra la igualdad de las que usted habla las estamos domesticando y mi próximo y último año de gobierno, más los 6 o 4 años que vendrán si se modifica la Constitución, encontrarán a la Concertación Democrática en una situación óptima para reducir a niveles insospechados la desigualdad que hiere nuestras conciencias. 

Y en tercer lugar -redondeó el mandatario chileno- nada tenemos que ver con el neoliberalismo, salvo integrarnos al mundo con inteligencia competitiva creciendo económicamente como nunca antes lo hizo Chile.” Y agregó: “Los neoliberales creen que el mercado por sí solo restablecerá las condiciones para una sociedad más equitativa y nosotros sabemos que no basta con el crecimiento económico por sí solo, sino que es necesario que a través de políticas públicas definidas democráticamente, sea la sociedad la que diga qué bienes deben estar al alcance de todos los ciudadanos. Los neoliberales -explicó- creen en una globalización impetuosa y nosotros creemos que la globalización no puede ser una corriente que nos arrastra fatalmente en una dirección que no hemos elegido. Los neoliberales -insistió Lagos- se oponen a los programas de bienestar social, a los programas de creación de empleo, a las políticas de protección sindical, a los impuestos progresivos entre tantas otras cosas que nosotros apoyamos. 

Otra diferencia con el neoliberalismo -remató el Presidente- es la presencia de un Estado fuerte y vigoroso. Chile tiene un  Estado y un Presidente que lo conduce sin vacilaciones. El neoliberalismo prefiere un Estado débil o dócil a sus intereses. 

La ingeniería chilena de la igualdad, del crecimiento económico con equidad. 

Busco otra forma de abordaje al polémico tema del socialismo pragmático de nuevo tipo que impulsa el reformista Lagos y le expreso que en estos dos días junto a él me sorprendió el cariño espontáneo de los pueblos que lo recibieron y de la solidaridad de trato entre ellos. Le confieso que encontré un espíritu igualitario, un ethos igualitario, una especie de igualdad de estima, un casi tratarse como iguales entre los pobladores. Y remato diciéndole que el examen de democracia política después de la pesadilla pinochetista lo han salvado más allá de las limitaciones de la Constitución autoritaria que heredaron, pero que eso sólo incluye la igualdad jurídica y política, y que creo que la democracia social basada en la igualdad también ha sido instalada, pero el déficit se encuentra en la democracia económica, en la verdadera igualdad de oportunidades. 

Es cierto -responde Lagos- hemos tenido éxito en hacer realidad derechos personales y derechos políticos pero existe una deuda con los derechos económicos y es en ese campo donde tenemos tanto para avanzar. 

Hizo una pausa y precisó: “Una sociedad decente no es solo una sociedad de libertades individuales, sino aquella donde se consigue avanzar con determinación para eliminar las progresivas desigualdades; ¿qué sentido tiene tener libertades de pensar, de expresarse, de reunirse, de emprender, para personas que viven en condiciones de pobreza extrema?”. 

¿Cuál es entonces su ingeniería de la igualdad?, le pregunto de inmediato. Y surge allí el Lagos socialista, el de la ética de las convicciones sin desmedro de su ética de la responsabilidad. No duda: “Construir un sistema de compensación de las desigualdades, apoyo desigual para los desiguales, más a los qué menos tienen, más educación, más vivienda, más salud, ya no se trata de otorgar igualdad de oportunidades sino desiguales oportunidades, pero al revés, ir modelando un handicap a favor de los más postergados”. 

Me conmueve su respuesta y lo azuzo: ¿pero usted me está hablando de lo que decía Aristóteles en su “Ética nicomaquea”, cuando propiciaba como ideal de justicia aplicar la igualdad proporcional (lo mismo a los mismos ) frente a la igualdad aritmética (lo mismo para todos), afirmando que los no iguales sean tratados en proporción a su desigualdad o dicho en términos marxistas a cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad? 

Todo nuestro gobierno -ratifica el Presidente- ha sido la lucha de todos los días por tratar de equilibrar lo desequilibrado, en todos los órdenes. 

Es obvio -argumenta Lagos- que tengo que discriminar a favor de los que menos tienen. “Si doy a todos por igual mantengo la desigualdad y no la reduzco”, explica el Presidente. 

Sabe usted -me dice con gesto severo- que en Chile el 20% más rico paga el 14,6% de impuestos y el 20% más pobre abona el 14,8%; mire si habrá que cambiar cosas. 

Le he dado ya muchos ejemplos -añade- y le voy a agregar otro más que reduce la desigualdad ya sea aritmética o la proporcional: “Hemos bajado la tasa de mortalidad infantil al nivel más bajo de Sudamérica y estamos en el segundo lugar de América Latina, sólo superados por Cuba, reduciendo esa tasa a menos de la mitad desde la recuperación democrática”. 

“No esperamos que los desamparados vengan a nosotros; somos nosotros los que los buscamos para incorporarlos a la ciudadanía social”. 

Lagos se explayó luego sobre la igualdad de las dignidades: “Intentamos por todos los medios posibles reducir la desigualdad pero lo hacemos no con el concepto paternalista de la caridad sino con el concepto de incorporación a la ciudadanía social de Chile. Y para ello -sintetizó- no esperamos que los más desamparados vengan a nosotros, somos nosotros quienes vamos a golpear las puertas de sus casas para incorporarlos a la ciudadanía social.” 

El tema para mí no estaba saldado y le hice una pregunta que está siempre en el orden del día de la izquierda uruguaya: ¿No cree usted que la distribución del ingreso es también una cuestión de poder social y que la igualdad depende de la acción democrática para que ésta debilite las formas de privilegio que opera tanto a través del mercado como del sistema político? 

Lagos aprovechó la pregunta para posicionarse ideológicamente: “Existía una gran desconfianza sobre cómo íbamos a gobernar. ¿Qué iba a pasar con un socialista en el gobierno? La experiencia de la Unidad Popular con Allende sembraba dudas sobre lo que podía pasar. Optamos por evitar las tentaciones populistas de los atajos que nos llevan siempre al despeñadero, superando el falso dilema entre el ámbito público y el privado. Nos dedicamos a probar que sabíamos gobernar construyendo un nuevo paradigma al perfeccionar la democracia, avanzar y alcanzar niveles de mayor justicia social y al mismo tiempo crecer sostenidamente en el tiempo. Es la construcción de un par…adigma que surge no de la teoría sino de la realidad concreta de lo que se ha venido realizando. Aprendí muchas lecciones como la de no paralizar la acción por el pensamiento, pero también a no avanzar precipitadamente en los brazos de la acción, que no tiene claro el pensamiento al cual conduce esa acción. La política es un permanente ensayo de prueba y error, de acierto y fracaso, algo que la democracia, como una forma de gobierno, sabe muy bien. Y me alejé de todo dogmatismo porque como decía Marx, el dogmatismo es lo contrario de la crítica”. 

“El mercado y las cosas deben estar al servicio de la gente y no la gente al servicio del mercado y de las cosas”. 

La conversación derivó luego hacia el dios mercado: ¿usted cree presidente que un desarrollo económico democrático como el que usted defiende y una organización democrática de las vidas chilenas, no implica cuestionar el fundamentalismo de mercado y fijar políticas, no para hacer desaparecer el mercado sino para construirlo democráticamente? ¿Usted cree que los mercados son natu 

rales, surgen por generación espontánea o son construidos por los centros de poder? ¿No cree usted que hay que reducir el poder del mercado en la vida económica de la población para lograr el crecimiento con equidad? 

El tema lo apasiona: “Los mercados globales han crecido rápidamente y no hay un desarrollo paralelo de las instituciones económicas y sociales necesarias para que los mercados funcionen equitativamente. Ese es el dilema que debemos resolver. Coincido con Habermas cuando afirma que la globalización de los mercados debe ser reglamentada por instancias políticas. También creo que los mercados no surgen por generación espontánea y son construidos por los centros de poder. El mercado asigna muy bien pero  asigna bien de acuerdo a la capacidad de compra de cada uno y hay bienes que deben ser entregados independientemente del bolsillo de cada ciudadano. Y hay muchos bienes que no pueden regirse por el mercado. Cuando usted dice en Chile, queremos agua potable rural, eso cuesta dos mil o tres mil dólares por familia y como el campesino no tiene esa suma, el Estado debe intervenir y ponerle el agua potable. El mercado y las cosas deben estar al servicio de la gente y no la gente al servicio del mercado y de las cosas”. 

Y además explica, “el mercado tampoco se inventó en Chile. No puede aceptarse que éste tenga aspectos o factores que distorsionan o eliminan la competencia y que ello redunde en la desprotección de los consumidores, en la inhibición de ganancias de productividad o en una distribución desproporcionada de los beneficios logrados”. 

“Poseemos un antídoto para los capitales golondrinas y especulativos: no pueden irse antes del primer año de estadía”. 

Del papel del mercado pasamos al control de los capitales: ¿coincide usted con la tesis neoliberal de “cuánto más, mejor” sin discriminar la calidad de los capitales, la existencia de capitales golondrina, de los capitales inestables, de los capitales especulativos, de los capitales de corto plazo y los de escasa transferencia neta de fondos? 

El Presidente se extiende sobre los nefastos efectos de ese tipo de capitales viciados y nos habla de la crisis mexicana de 1994 y de la crisis asiática de 1997, en gran parte producto de una ausencia racional de control sobre ese tipo de capitales. 

Nos explica que su gobierno aprobó un antídoto que generó mucha polémica, pero que finalmente fue aplaudido en el concierto mundial. Se refería a la disposición del Banco Central de Chile de impedir por un año el retiro de capitales que llega del exterior. 

Explica Lagos: “Fue una forma inteligente de ahuyentar a los capitales golondrinas y especulativos y nos dio resultados, aunque nos generó problemas primero con Canadá y después con EEUU que querían que elimináramos esa cláusula a lo que nos negamos manteniendo ese plazo de un año para evitar el capital corrupto”. 

Las privatizaciones no podían quedar fuera de la conversación y la pregunta era obvia: ¿apoya cualquier tipo de privatizaciones? Su respuesta fue didáctica: “Los procesos de privatización deben ser impecables. Se requiere transparencia, asegurar que el resultado de cada proceso sea una sana competencia y justos beneficios de los usuarios. Y hay bienes que no pueden, no deben ser privatizados. Yo me opongo a la privatización del agua. Y también a la del petróleo. Hoy no tenemos petróleo en Chile pero privatizar el petróleo significaría privatizar un riquísimo know how de 50 años de antigüedad. Implicaría privatizar toda la cultura petrolera de muchísimos ingenieros y técnicos chilenos que hoy están explorando y ayudando a explotar pozos de petróleo en Ecuador, en Egipto, en Italia y ahora estamos a punto de abrir negociaciones con Libia. Ese know how es valiosísimo, por eso no lo podemos privatizar”. Nos explica que sí, defiende, otro tipo de privatizaciones como las autopistas, aeropuertos, que el Estado con una recaudación tributaria escasa, inferior a los grandes países desarrollados, no las puede realizar y las deja en manos privadas. 

Inquirimos luego al Presidente cuáles serían los cambios que el próximo gobierno del 2006 al 2010 o 2012, según haya o no reforma de la Constitución, tendría que realizar, para profundizar la democracia económica y social. Contestó sin hesitar que hay tres prioridades: mejorar el sistema previsional, instrumentar los inexistentes juzgados laborales y democratizar el conocimiento y la tecnología. 

“No estamos en condiciones de olvidar los crímenes cometidos. Sería peligroso que lo hiciéramos”. 

Lagos se sintió satisfecho en la entrevista por el comienzo del fin de la impunidad en los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura militar y sus cómplices civiles. Los procesos contra Pinochet, contra la plana mayor de la policía secreta del dictador, contra el ministro del Interior del autoritarismo, Julio César Benavidez, contra Enrique Montero Marx, uno de los responsables políticos del régimen de facto y contra el actual senador Sergio Fernández, cómplice de la desaparición de prisioneros políticos, son un símbolo del triste final de una de las tiranías más sangrientas y crueles del continente. 

El pinochetismo virtualmente ha desaparecido. La derecha lo abandonó cuando descubrieron las cuentas secretas del Banco Riggs que lo exhibieron como un bribón que aprovechó el poder para enriquecerse él y su familia. 

Dijo y escribió el Presidente Lagos: “Nunca estuve dispuesto a la teoría del punto final. Seguimos el camino más justo, el de la búsqueda de la justicia, la verdad y la reparación. Llevamos a cabo un registro pormenorizado de los crímenes cometidos en esa época donde se arrasaron los derechos más elementales. A los ejecutados políticos, a los detenidos desaparecidos y a las víctimas de la violencia política, la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación las compensó en parte mediante pensiones y diversos beneficios en educación y salud para sus cónyuges, madres e hijos. Durante mi mandato las instituciones armadas reconocieron ante el país el triste destino de algunos compatriotas desaparecidos. La información recopilada era cruda y dolorosa porque hablaba de muerte, de sepulturas clandestinas, de cuerpos arrojados al mar, a los lagos y los ríos de Chile. La Corte Suprema designó jueces especiales con el fin de acelerar las investigaciones sobre los detenidos desaparecidos, lo que efectivamente ha ocurrido. Nos comprometimos con la defensa de la vida y ese es el sentido de la propuesta ‘No hay mañana sin ayer’ que el 12 de agosto último comuniqué al país tras recibir aporte de todos los sectores y que cristalizó en diversos proyectos parlamentarios. No estamos en condiciones de olvidar lo que ocurrió en este país. Sería peligroso que lo hiciéramos”. 

Acto seguido el Presidente de los chilenos me hizo entrega de un voluminoso libro de la “Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura”, recién salido de imprenta, conteniendo los testimonios de 35.865 testigos, de los cuales, 28.000 fueron aceptados como válidos y algo más de 7.000 no cumplieron los estrictos requisitos para ser aceptados por la Comisión. 

Sin contar las nuevas cifras que se agregan por nuevos testimonios y nuevas víctimas, la democracia chilena lleva erogado en pensiones de reparación, beneficios, educaciones para los hijos y exonerados, más de 251 mil millones de pesos en exonerados y 86 mil millones en pensiones de reparación. Todas ellas vitalicias. 

“Hoy contamos con unas FFAA convencidas de que Chile no debe volver a caer por el despeñadero de las violaciones de los Derechos Humanos”. 

Hace pocos días fue enterrada en olor de multitudes la secretaria general del Partido Comunista Chileno, Gladys Marín. En la ceremonia de despedida de esa militante fermental de las luchas sociales y humanistas, el Presidente Lagos se hizo presente y cantó la Internacional, sorprendiendo y conmoviendo a la gente. 

Le pregunté sobre Gladys: “Fue una gran luchadora social y política, carismática como pocas, que peleó por sus ideas hasta las últimas consecuencias. Fue de una gran valentía, no solo valentía personal frente a la dictadura sino valentía política para afrontar las consecuencias de sus ideas. En el 88 yo hablé con ella para que se incorporara a la Concertación. Me dijo que para ellos era muy difícil. Después, claro, ganó el NO y quedaron afuera. Trabajamos juntos.Si ubicamos en cada mesa en todo el territorio del país, un apoderado por mesa, no nos iban a ganar. Y así fue. La muerte de Gladys fue una gran pérdida para Chile”. 

Mirando al futuro le pregunté al mandatario chileno sobre su valoración de Michelle Bachelet, seguramente la primera mujer chilena que ocupará la Presidencia de su país, hija del militar antigolpista General Bachelet, asesinado por la dictadura. Esta mujer socialista que conoce muy bien la cultura castrense que bebió desde su infancia y que fuera la primera mujer ministra de Defensa de América Latina, va primera en las encuestas superando a su aliada de Concertación, la democristiana Soledad Alvear, ex canciller de Chile. 

Lagos contestó con gran cuidado, exhibiendo el pudor de no manifestarse a favor de su camarada del Partido Socialista, ni de su aliada democristiana: “Creo que Michelle es una excelente profesional, muy competente, con amplios conocimiento sobre los temas de Defensa. Hija de un mártir de la democracia chilena, sus conocimientos no sólo provienen de su familia militar sino de los tiempos en que asesoró al Presidente Frei en materia de Defensa. Tiene el mérito además de haber realizado bien su trabajo, siendo mujer en una sociedad machista y en el territorio de las propias Fuerzas Armadas, de hondas raíces masculinistas, que la aceptaron y respetaron. Hoy contamos con unas Fuerzas Armadas que han expresado su convicción de que es su deber contribuir a que Chile nunca más vuelva a caer por el despeñadero de las violaciones de los derechos humanos. Esto afianza la proximidad de las Fuerzas Armadas con una ciudadanía que ha sabido reconocer y apreciar esos gestos y conductas”. 

¿Es lo mismo un Presidente socialista que un Presidente democristiano dentro de la Concertación Democrática? pregunto al Presidente socialista. 

Responde que “hay diferencias de estilos, matices, acentos, prioridades, pero que en lo esencial, las tres organizaciones de la Concertación, el Partido Socialista, la Democracia Cristiana y el Partido por la Democracia, sostienen el mismo programa y son leales a su contenido”. Hay Concertación para rato -agrega Lagos- y si no fuera por esta alianza no hubiéramos alcanzado los logros obtenidos. Luego añade: “Tenemos muchas dificultades para aprobar determinados proyectos debido al sistema binominal que dejó el gobierno de facto. En el Senado estamos empatados por obra y gracia de ese sistema irracional. Cuánto peor sería si no existiera la Concertación. El sistema electoral binominal es un acto de prestidigitación aritmética, el 34% de los votos vale casi lo mismo que el restante 66%, el voto de unos pocos vale igual que el de muchos. 

Y para cambiar la Constitución el régimen de facto obligó a mayorías imposibles de alcanzar y los plebiscitos no están admitidos en esa Carta Magna. ¡Qué importancia tiene entonces la Concertación para paliar en parte esta injusta situación! Además usted estuvo conmigo en Coquimbo y escuchó el discurso del alcalde de esa ciudad, elogiando mi gobierno, mis políticas y mis conductas. Parecía un socialista pero no lo era. Es y seguirá siendo democristiano”. 

La polémica posición chilena sobre el Mercosur también fue abordada. Lagos se manifestó un encendido partidario del espíritu mercosureño, alentado ahora por la presencia de Lula, Kirchner y Tabaré Vázquez, con hondas coincidencias con su gobierno. Pero rápidamente aclara que propugna un Mercosur político, cultural, tecnológico. Ve casi imposible en esta etapa histórica un Mercosur económico basado en la rebaja de aranceles que no le sirve a ninguno de sus miembros. 

Prácticamente -nos dijo- Chile está llegando a aranceles del 2% y es imposible subirlos al 14% como exige el Mercosur. Sin embargo se apasiona e insiste con la idea realista de profundizar la integración política y cultural del bloque progresista. 

“Los imperios llegan y se van y lo que tiene que plantearse un imperio es qué clase de mundo quiere dejar de herencia, en el cual le gustaría vivir cuando deje de ser imperio”. 

Sobre Cuba y Venezuela se pronun 

ció contra el bloqueo injusto que sufre la isla comunista y contra las presiones externas e internas al mandatario venezolano elegido por la mayoría de su pueblo. 

“El principio de no intervención y el de la soberanía de los pueblos, constituyen la piedra angular de la política exterior chilena y los defenderemos sin concesiones”, nos declaró Lagos. 

El presidente chileno, el mismo que le negó su apoyo en el Consejo de Seguridad de la ONU, a la nación más poderosa del planeta en su intento de invadir por la fuerza a otro país más débil, y el mismo que suspendió una cena de 200 invitados a la que iba a asistir el presidente Bush, porque la seguridad norteamericana quería poner un detector de metales a través del cual debían pasar los invitados chilenos, no dudó en cuestionar la negativa de EEUU a firmar los protocolos de Kyoto: “Este protocolo, relativo al último de los derechos, el derecho al medio ambiente sano a nivel mundial, hay que defenderlo y no es posible que estrategias de desarrollo inadecuadas e irresponsables se lleven adelante sacrificando el derecho que las futuras generaciones tienen, de tener un medio sano, libre de contaminación”. 

Complementando este pensamiento, el presidente Lagos, recurrió a una reflexión de un ex presidente de una gran potencia que dijo que “lo único claro que el mundo enseña es que los imperios llegan y se van y entonces lo que tiene que plantearse un imperio cuando tiene la totalidad del poder, es qué clase de mundo quiero yo dejar como herencia en el cual a mí me gustaría vivir cuando yo ya deje de ser imperio y sea un país más”. 

Dicen que usted, presidente, es un buen alumno del consenso de Washington, le insinué con respeto pero con la intención de hablar más directamente sobre sus relaciones con EEUU, país con el que mantiene fuertes lazos comerciales. Lagos no mencionó expresamente a EEUU pero me exhibió lo que ya había expresado en otros foros: “Si hemos levantado la voz con alguna fuerza es porque en todas partes dicen que somos buenos alumnos, pero yo quiero ser buen alumno a condición de jugar las reglas de insertarnos a un mundo con una cancha de fútbol pareja, donde los 22 jugadores estén bien entrenados, bien alimentados, todos tengan zapatos de fútbol con buenos estoperoles y por supuesto que la cancha sea horizontal y no sea inclinada; si la cancha es inclinada es más difícil que este equipo meta los goles acá arriba, y esa es a ratos la sensación que uno tiene”. 

Sin embargo -le digo- Chile ha sido premiado en las calificaciones de riesgo país de largo plazo de moneda extranjera con mínimos históricos, por agencias muy discutidas por su arbitrariedad y capricho, como la Standard and Poor’s (S&P) y la Fitch. 

Lagos sobre el tema se manifestó partidario de calificadoras internacionales no privadas. Recordó al respecto lo que ya había planteado en ocasiones anteriores: “A dónde voy yo a decir, mire usted la agencia tal o cual me está calificando el riesgo país. Oiga, cuando me califica el riesgo país significan cuántos millones de dólares debo pagar de más o de menos según como me han calificado en materia de interés. Entonces, ¿es posible pensar en instituciones internacionales que hagan la calificación de riesgo país o tienen que ser sólo calificadoras privadas?”. 

“Sí, soy socialista. Pero socialista del siglo XXI no del XVII, del XVIII o del XIX”. 

El avión presidencial ya está iniciando el descenso a Santiago. 

Quedan muchas preguntas sobre el tintero. Lagos y su peripecia vital y política es una incógnita a despejar por la izquierda latinoamericana que ve perpleja cómo una nueva vía humanista que intenta compatibilizar libertad con igualdad, usando la fraternidad como puente, se abre paso sin respetar las leyes y principios del socialismo científico y libertario. Despejar esa incógnita llevaría mucho más tiempo del que dispusimos en estos días, escuchando sus discursos, interrogándolo, analizando sus escritos y conductas. 

Un poco apresuradamente le formulamos los últimos interrogantes. 

¿Cree en la utopía de un nuevo mundo solidario? 

Las utopías -enfatizó Lagos- no son sino los sueños que somos capaces de tener acerca de un mundo mejor. Y nada ni nadie puede privarnos de la capacidad, y aún del derecho a imaginar mundos mejores. Porque los mundos mejores no son sólo necesarios, sino también posibles. ¿Quién habría podido imaginar que en poco más de 50 años, si tomamos como punto de partida la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 suscrita en París, el impresionante desarrollo alcanzado por la teoría y la práctica de los derechos fundamentales a nivel internacional? 

¿No habría sido también calificado de utópico un pacto internacional de derechos civiles y políticos? ¿Más tarde un pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales? ¿Luego las convenciones contra la tortura, contra la discriminación racial y de la mujer? ¿Y, por último, hablar de una Corte Penal Internacional encargada de sancionar las violaciones más graves de los derechos humanos? Sí, creo en la utopía realizable, que más pronto que tarde alumbrará en nuestro planeta”. 

No podría faltar la pregunta de si seguía considerándose socialista, y sobre qué clase de socialismo consideraba posible en el Chile de hoy y en el mundo globalizado donde el capitalismo reinaba y gobernaba a sus anchas. 

“Sí me considero y soy socialista” respondió con firmeza el Presidente. Para luego explicar: “¿Pero qué es ser socialista en el siglo XXI? Ser socialista en el siglo XVII y XVIII era resolver el problema de la tenencia de la tierra. La diferencia entre heredados y desheredados era la propiedad de la tierra. El socialismo pasaba por ahí. Ser socialista en el siglo XIX en plena revolución industrial, pasaba, según nos enseñó el tío Marx, por la propiedad de los medios de producción. Pero ser socialista en el siglo XXI es otra cosa. El socialismo, la sociedad igualitaria pasa hoy porque todos los seres humanos sean propietarios o tengan acceso a los medios de producción del conocimiento, de la sociedad tecnológica. El socialismo del siglo XXI es garantizar a todos el desarrollo de su capacidad de imaginación y creatividad, garantizar a todos su inclusión en la sociedad del conocimiento, que es la que va a cambiar al mundo”. 

¿No se trata entonces -lo interrogo- de administrar mejor el capitalismo, de humanizarlo? 

Lo fundamental -insiste- es construir la igualdad en la línea del conocimiento. “Y para lograrlo hay que discriminar. No hay vuelta, hay que discriminar. Dar más herramientas y más acceso al conocimiento a los que están más alejados de él”, explica entusiasmado con la idea. 

“Para Tabaré Vázquez la ética es su religión. El tiene una tremenda responsabilidad. Su triunfo es el punto culminante de la democracia que ustedes conquistaron hace 20 años”. 

Finalmente lo inquiero sobre el histórico triunfo de la izquierda uruguaya tras 174 años de gobiernos alejados del socialismo. 

Nos dice Lagos: “El triunfo de Tabaré Vázquez fue el punto culminante de la profundización de la democracia conquistada por ustedes veinte años atrás. Tabaré tiene ahora una tremenda responsabilidad: La ética es su religión. Ha elegido la ética como principio central de su acción. Y ahora se le abre un proceso lento en el que deberá explicar al pueblo, por qué hace ciertas cosas, por qué no hace otras y por qué otras más deben quedar para otro período de gobierno. El sabrá hacerlo”. 

Al despedirme, casi ya en la escalerilla del avión le digo que descubrí en él, más a un civilizador que a un héroe. Más a un antihéroe, sereno, consensuador, respetuoso, constructor de instituciones democráticas, que arrinconó con buenos modales al pinochetismo e incluso a la derecha civilizada que ya no es la mitad del país, que a un héroe como Allende que entregó su vida sin poder ver cómo se iban abriendo las anchas alamedas… y le agrego: usted es un civilizador que eligió el ágora griego de la persuasión y desechó la arena romana del combate. 

Y creo, por sus frutos, que lo hizo bien, teniendo en cuenta que no gobernó el socialismo sino una alianza con la democracia cristiana y con un parlamento binominal creado por la magia pinochetista que les impidió en muchos casos ejercer las mayorías que conquistaron en las urnas. 

A Lagos le gustó la imagen del ágora y la arena: “Tiene usted razón. Acá no hay héroes. Acá no hay épica. Acá hay ética. Etica y responsabilidad. Entre el ágora y la arena opté por el ágora. Y sabe una cosa, la noche más importante de mi vida no fue cuando fui elegido presidente. Yo le dije a mi mujer la noche del 5 de octubre de 1988 cuando ganamos el plebiscito del No a Pinochet: nunca vamos a vivir una noche como esta; esta es la noche más grande de la ética. El día que fui elegido presidente no tuve la emoción que viví ese octubre del 88. Esa fue mi noche. Así concibo el poder. Así soy yo”. 

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