LA REPUBLICA tiene conciencia de que se encuentra ante un tema de alta sensibilidad
humana, ética y profesional.
Está en juego el honor de un colega, el de un profesional de la fe pública y el de un policía
considerado por todos honesto, incluso por el propio ministro del Interior y creemos que hasta
por el propio Arbilla.
Flaco favor le haríamos a nuestro colega o a todos los involucrados si actuáramos como claque
encolerizada rasgándonos las vestiduras, buscando el linchamiento de quienes deben cumplir
con su misión de proteger a la sociedad.
No tengo ninguna duda en afirmarlo, parto de la inocencia de Arbilla y de su escribano, pero
también de la buena fe de ese excelente policía el Inspector General Roberto Rivero, que honra
a su Institución y que hoy ve tronchada su carrera por actuar de acuerdo a su conciencia.
De lo que se trata no es de archivar denuncias o cesar investigadores, sino de descubrir la
verdad.
Que Arbilla haya vendido su casa de descanso en 550 mil dólares a narcotraficantes nada me
dice, incluso aunque estuviera sobrevaluada. Pero si no se prueba que desde la oficina del
director de Búsqueda partieron el 4 de octubre y el 3 de noviembre por lo menos tres llamadas
al centro del lavadero regional del narcotráfico, las sospechas del inspector Rivero se habrán
hecho añicos y las excusas al colega tendrán que serles formuladas por los investigadores, que
en ese caso se equivocaron y muy feo. Caso contrario el cese del Inspector Rivero habrá sido
un acto de injusticia y arbitrariedad que tendrá que ser reparado en todos los planos.
También el notario deberá explicar por qué se contradijeron todos los usos y costumbres, por
qué intervino en todas y cada una de las compraventas de los narcolavadores en nuestro país y
por qué prestó su domicilio a las dos sociedades que utilizaron los delincuentes.
Deben existir explicaciones razonables para dejar tranquilo a este añejo escribano, amigo de
años del ministro Stirling, sin mácula en su historial.
Si es un complot como asegura Arbilla, será de patas cortas y no dude que en ese caso
estaremos junto a él mas allá de nuestras diferencias.
Pero las incógnitas deben quedar despejadas. Por el bien de Arbilla, por el honor de su
escribano y por la idoneidad del Instituto Policial, Así lo deseamos.