TASHKENT, Unión Soviética, 17 de septiembre. Con otro incidente, sin precedentes
en el Programa Internacional de Desarrollo de la Comunicación (PIDC), culminó en el
territorio soviético de Asia Central la cuarta reunión del PIDC de Unesco.
En efecto, la delegación estadunidense, que en los tres congresos anteriores se había
opuesto a toda discusión política en el PIDC, exigió en esta oportunidad que constara
en el informe final de la conferencia, su repudio a la URSS por el ataque realizado
contra el avión civil de Corea del Sur. La exigencia estadunidense, formulada dos
horas antes de terminar el congreso, determinó que la mayoría de los 35 países
participantes, así como los 20 Estados observadores y las 19 organizaciones no
gubernamentales presentes, se apuntaran para intervenir en el debate político. Y fue
así como por primera vez desde que se creó el PIDC para desarrollar las
comunicaciones internacionales, el tema central fue dejado de lado y todos los países
se pusieron a hablar de cualquier cosa menos del tema para el que fueron
convocados.
El pandemónium fue general. “Si EU quiere politizar el PIDC, pues politicémoslo”,
dijeron algunas naciones, y se lanzaron al ruedo de la discusión. Nicaragua denunció
los ataques armados contra su país, “financiados por EU y apoyados por Honduras”;
la URSS enjuició los intentos de acrecentar la guerra fría; Irak acusó a Irán de
sostener una guerra de conquista; Cuba denunció la desestabilización organizada por
la CIA contra su pueblo, y así sucesivamente se fueron pronunciando país tras país
sobre el tema que le viniera en gana, conduciendo a la conferencia a un callejón que
parecía no tener salida.
La delegación de EU, conducida por la inexperta amiga del presidente Reagan, que
por primera vez se hacía presente en una reunión de este nivel, la señora Diana Lady
Dugan, bautizada por diversos delegados como “la Kirpatrick de la Unesco”, más por su forma de embestir que por su experiencia, no sabía cómo parar lo que había
empezado contrariando la política del Departamento de Estado de despolitizar el
PIDC.
Algunos delegados estadounidenses, más experimentados en la materia, comentaban
desesperados, mientras buscaban alguna salida, que la culpa de todo la tenía
Holanda, país que le había advertido que no constaba en el informe final el repudio a
la URSS y que los había incitado a lanzarse al ruedo, sin apoyarlos posteriormente.
Canadá, Camerún, India y Países Bajos, ante la cerrada oposición de la URSS, la
RDA y otros países, planteaban una reformulación de la moción de EU que, sin
embargo, dejaba intacto su espíritu.
Finalmente, ante el reiterado pedido del Grupo de los 77, conducido en la emergencia
por Gabón, EU retiró su moción, aceptando que sólo constara en el informe final una
anodina mención a la polémica que no haga constar la tragedia del avión coreano sino
“hechos internacionales recientes”, borrándose también del acta el nombre de los
países acusadores y acusados.
De esta manera, la cuarta conferencia del PIDC de Unesco, en la URSS, culminó con
él sino con que se abrió: la tragedia del avión coreano.
Concluido el debate las delegaciones pasaron a distribuir los 629 mil dólares
disponibles para los 29 proyectos presentados. De estos 29 proyectos, nueve no
recibieron fondo alguno, quedando ubicados en el primer lugar de la quinta reunión
que tendrá lugar en abril de 1984; otro de ellos, el correspondiente a FELAP, que fue
retirado ante la amenaza de EU de abandonar la reunión si éste resultaba aprobado,
fue derivado al Programa de Participación Regional con el apoyo escrito del Grupo de
los 77 y la seguridad de la secretaría de la Unesco de otorgarle fondos antes de
febrero de 1984; mientras los 19 proyectos restantes se distribuyeron los fondos de la
siguiente manera: 389 mil dólares para 13 proyectos africanos, 200 mil para cinco
latinoamericanos y 40 mil para un proyecto asiático. No se le otorgaron recursos al
proyecto interregional de la COMNET (red internacional de centros de documentación
sobre los estudios y políticas de comunicación), a tres africanos, a un brasileño, a uno
asiático y a otro proyecto árabe.
Los proyectos latinoamericanos, aprobados cada uno de ellos con 40 mil dólares,
fueron: perfeccionamiento de los profesionales de artes gráficas, presentado por
Cuba; formación de periodistas de ASIN, presentado por Venezuela; establecimiento
de un sistema de distribución de programas de televisión andino presentado por la
Junta de Cartagena; centro de programación de radio y televisión presentado por
Jamaica; ensayo de un plan de educación de los consumidores en materia de
comunicación, presentado por México, y bien defendido en diversas instancias de la
conferencia por el presidente de la delegación mexicana, Javier Wimer, ya que era
muy difícil obtener fondos para ese proyecto, en virtud de que no se trataba de un
proyecto regional y por lo tanto prioritario, como los restantes, sino de un proyecto
nacional.