Seregni: votar en blanco o abstenerse II y último

El llamado de Seregni a no votar por ninguno de los candidatos de los partidos
tradicionales, en las elecciones internas de noviembre próximo, debe traducirse en la
siguiente consigna: ante la proscripción, acentuar el perfil de la izquierda, evitando en toda
instancia su desdibujamiento y disolución en la ajenidad.
Sí tal consigna implicara indirectamente fortalecer el adversario armado, las dudas serían
legítimas. Pero no lo son, porque solo una izquierda fuerte, con perfil propio y capacidad
de convocatoria autónoma, garantizará la ruptura democrática necesaria para tumbar el
despotismo, garantizando además el radicalismo y la profundidad del proceso antidictatorial,
porque entre otras cosas, la izquierda y su clase obrera, constituyen la única fuerza con
vocación democrática hasta sus últimas consecuencias.
Los partidos tradicionales intentan liberalizar la sociedad, jamás democratizarla, so pena
de perder el control de los centros de decisión. Y una política autónoma de la izquierda
debilitará al despotismo utilizando la acertada consigna de Ferreira Aldunate, “actuar
juntos, golpear separados” y poseerá, además, la virtud de democratizar hasta el final el
proceso antidictatorial, y asegurar el entronque de éste con el necesario proceso de
transición a un socialismo aún lejano. Para ello es necesario disputar hegemonía al aliado
liberal de la coyuntura, pero imposible es disputarla sin una política autónoma, que
profundice la alianza conservando la necesaria identidad.
Este es el contenido del mensaje del General Seregni.
La izquierda se encuentra en el umbral de las decisiones históricas que pueden marcar su
futuro por mucho tiempo. Y parece que la oportunidad es única para desembarazarse del
cerco que todos a una le han tendido, fortaleciendo una política autónoma que la libere y le
permita construir la gran oferta moral, política e ideológica a presentar ante la sociedad
devastada.
La oportunidad autonómica se la acaban de brindar sus propios aliados de la oposición
liberal al negarse a incluir formalmente en sus compromisos, por falta de condiciones
objetivas, el reclamo incondicional de amnistía para todos los presos políticos. Este es un
tema en el que la izquierda no puede ni debe ceder. Ni aún por razones tácticas. Constituye
el corazón del problema. Otro elemento a tener en cuenta es que en las elecciones internas
no está en juego ninguna llave maestra del proceso decisorio. Nuestros ojos estratégicos
deben estar puestos en las elecciones de 1984. Y a ellas debemos llegar sabiendo que
continuaremos proscritos, con la fuerza, cohesión y monolitismo qué logremos construir
con el voto autónomo que marcaremos en las internas. También, la única forma de ser
respetados por los partidos tradicionales, que ni siquiera en esta ocasión, nos concedieron
la gracia de bregar por la amnistía. Si logramos una buena votación en blanco o la
presencia mediante la abstención activa, podremos en el 84 negociar, desde posiciones de
fuerza, con mejor suerte que la actual. Solo sobre la base de su propia fuerza la izquierda
podrá concretar alianzas duraderas y convencer a otros sectores. Llamar sin fuerzas
propias, convocar sin poseer alternativas, negociar sin poder, es la mejor forma de
fracasar en el llamado.

Para romper la decisión del General Álvarez, de mantener a la izquierda proscrita por diez
años más, solo resta trazar el camino de una política autónoma. Sabiendo que no
contamos con nadie, salvo la voz aislada de Wilson Ferreira que aún sigue reclamando la
desproscripción y la libertad de todos los presos políticos, con la oposición de los sectores
más retardatarios de su colectividad política.
Nuestros “amigos” de la oposición burguesa ya nos lo hicieron saber. Julio María
Sanguinetti ya empieza a hablar del “fascismo izquierdista”, mientras Carlos Manini Ríos
afirma que el Frente Amplio desde 1971 era disolvente y el “demócrata” Enrique Tarigo
compara la posición “neo fascista” de Bordaberry con las posturas del “ marxismo criollo”.
Intentarán cerrarnos la puerta el mayor tiempo posible. Y quizás, el grito de Seregni desde
la cárcel, convocando a no votarlos, constituya el intento serio de forzar el bloqueo.
Tales afirmaciones no significan que creamos que el ya clausurado espacio tradicional de
izquierda, lo abriremos mediante un proceso de autogénesis, a partir de nuestras propias
fuerzas, desdeñando acuerdos puntuales de carácter táctico con otras fuerzas
antidictatoriales. Nada más cercano al suicidio político, nada más lejano a la propuesta
seregnista. La autogénesis hoy es sinónimo de aislamiento. Pero la dependencia y la
ausencia de una política autónoma es sinónimo de desaparición.
Además contamos con posibilidades para construir tal política. La clase obrera no se
descompuso. Ni numéricamente cómo en Chile, ni ideológicamente cómo en otros
procesos. Y económicamente fue el sustento de las restantes clases sociales, debido a su
nivel de superexplotación. Y en definitiva es la única capaz de transformar la pura oposición
en resistencia, convirtiendo el simple sentimiento de rechazo en una disposición activa,
amplia y coordinada. El voto en blanco o la abstención, en último término, encierra el
embrión de un movimiento de desobediencia cívica, que bien organizado puede, más
allá de las internas, generalizar una práctica de debilitar seriamente al régimen.
Por otra parte, el temor de “ ir contra la corriente”, defraudar las expectativas generales de
incidencia, de cumplir el rol de “ aguafiestas”, no parece darse en la oportunidad, según las
últimas informaciones que nos llegan desde el interior del país. El nivel de nuevos inscriptos
es bajísimo, la juventud no se encuentra motivada y a escasos tres meses del acto comicial
reina la indiferencia por doquier. Y no son pocos, en filas de la izquierda, los que se han
sentido representados por el llamado de Seregni, y tampoco son reducidos los blancos que
han aplaudido este gran gesto de la dignidad del General cautivo. El ánimo de las masas
parece favorecernos. La conducta de Seregni, por otra parte, en un país donde el
caudillismo fue un dogma de acción política, fortalece también las posibilidades de la
propuesta. Su figura se ha agigantado a niveles insospechados y la sociedad civil ha podido
comprobar, con estupor, la talla de un dirigente, qué corriendo todos los riesgos en manos
de sus carceleros, construye una contraseña desafiante, aportando el elemento
dinamizador contra la dictadura más importante desde el histórico plebiscito del 80 cuando
el pueblo se reencontró con su condición de mayoría.

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