Uruguay: Horror del Mundo Civilizado. El caso Vilaró

Cuando ya la capacidad de asombro e indignación del mundo civilizado en torno a los atentados a la dignidad humana perpetrados por la dictadura militar uruguaya, parecían haberse colmado, el “Caso Vilaró” vuelve a poner sobre el tapete el carácter marcadamente demencial del Gobierno de ese pequeño país, otrora respetado como el que más en toda la comunidad internacional.

En efecto, el prestigioso dirigente sindical de los profesores uruguayos, Ricardo Vilaró, procesado legalmente por la Justicia Militar por el solo delito de defender los derechos de los trabajadores, luego de soportar cinco dantescos años de prisión y torturas, acaba de ser puesto ‘legalmente en libertad por extinción de pena.

La noticia llenó de alegría a la golpeada comunidad magisterial de ese país que el sábado 8 de abril, a las puertas del penal de Punta Carretas, se preparaba junto con familiares, amigos y abogados a despedirlo emocionadamente, ya que el Gobierno holandés en un gesto que lo enaltece le había otorgado en acuerdo con la propia dictadura uruguaya la reunificación familiar con su esposa e hijos, asilados en los Países Bajos.

Pero el ensañamiento de la dictadura uruguaya pudo mucho más que cualquier acuerdo con países civilizados. Y el 8 de abril las personas que esperaban a Vilaró y junto a ellas la solidaridad internacional, tenaz en la lucha por rescatar de las cárceles del régimen a este dirigente y a sus compañeros de los G.A.U. -Grupos de Acción Unificadora de clara actividad pública y legal hasta el golpe de Estado de 1973 sufrieron una nueva frustración.

La Justicia Militar decidió adelantar unas horas su libertad, y el viernes 7 de abril a las 9 de la noche fue dejado en la puerta del penal, sin que ninguna persona, obviamente, se hiciera presente a recibirlo, dado el secreto en que se mantuvo el adelanto de su salida.

Pocos metros recorrió Vilaró en busca de algún vehículo que lo trasladara al domicilio de sus familiares. Y también pocos segundos duró su precaria libertad. Una banda de uniformados lo secuestró en plena vía pública, desconociéndose oficialmente hasta el momento su paradero.

Los angustiosos sondeos realizados por sus familiares y abogados permiten afirmar que se encuentra en poder de los temibles fusileros navales, que tan siniestra fama se han ganado en este torneo de depredaciones e ignominias desatado por la banda terrorista uniformada que ocupa esa humillada tierra oriental, famosa en otras épocas por sus tradiciones libertarias y humanistas.

En este caso la concertación entre la Justicia Militar y las autoridades carcelarias que adelantaron sorpresivamente el día y la hora de su libertad, y la patota militar que lo secuestró sin la presencia de familiares y abogados que lo esperaban el sábado, ha quedado debidamente probada.

Esta nueva y cruel burla a la opinión pública y a los más elementales derechos humanos, desatada contra un indefenso detenido político que cumplió íntegramente su pena, y a sólo escasos días del comunicado conjunto entre la dictadura militar y los representantes de la Asociación Norteamericana de Abogados que acaban de verificar la situación de la Justicia Militar y Civil en ese país, pone de manifiesto una vez más el carácter inhumano y terrorista de la tiranía uruguaya.

En este caso debe sumarse el desprecio manifiesto al Gobierno de Holanda, quien otorgó a Vilaró la reunificación familiar, la residencia en ese país, la visa y los pasajes respectivos, además de las gestiones de gobierno a gobierno para concretar su salida legal de! país.

La valía de este dirigente político y sindical, la magnitud de los tormentos soportados, las características insólitas de su secuestro, así como las derivaciones que el caso puede tener en los gobiernos de Holanda y E.U., convertirán el “Caso Vilaró” en otra derrota internacional de la dictadura.

Como también lo son con su indoblegable testimonio los casos del General del Pueblo Líber Seregni; del entrañable amigo del pueblo mexicano Julio Castro; del brillante matemático José Luis Massera; del legendario líder agrario Raúl Sendic; y de los martirizados dirigentes sindicales Jaime Pérez, Gerardo Gatti y Héctor Rodríguez, todos ellos cautivos del terrorismo estatal uruguayo, pero condecorados por los pueblos libres de América Latina.

¡Comparte en tus redes sociales!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *