El personaje recuerda al escritor

Miércoles 23 de abril de 2014

Dedicatoria GABO


“A raiz del fallecimiento del gran Gabo, quiero compartir con ustedes, la experiencia que tuvo mi hermano Franqui, Francisco Fasano Mertens, el cineasta de la familia, que fue asistente de dirección de Miguel Littin en la película Alsino y el Cóndor, film nominado a la mejor película extranjera en el año 1982 por la Academia de Hollywood, que otorga los famosos Oscar anuales. Franqui entró clandestinamente en el Chile del dictador Augusto Pinochet para filmar otra película con Littín sobre una idea original de Gabriel García Márquez y me envió un mail relatándomela que me parece interesante subirla a mi blog en recuerdo de Gabo.”

El personaje recuerda al escritor
1985, Miguel Littin y yo ya estábamos fuera de Chile, el riesgoso proyecto cinematográfico había pasado airoso la etapa más compleja, rodar en todo el extenso largo del vecino país y del acotado y polifacético ancho.
Cuando habíamos estado en el Festival de Cine de Mar del Plata el año anterior, Miguel le había contado al periodista Jorge Couselo, del diario Clarín, la idea de filmar una película sobre un exiliado que regresaba a Chile. Era un proyecto argumental, no documental y menos con su ingreso clandestino, en eso momento no era su idea, surgió después. Couselo en ese momento hizo una nota en el diario, por eso consideré que debía ser el primero en tener la información, lo llamé y le conté. Estaban en pleno cierre, pero alcanzó a poner un pequeño recuadro en la sección espectáculos de la cual era parte.
La información corrió como un reguero de pólvora replicada en todas las agencias de noticias mundiales.
García Márquez lo leyó e inmediatamente comenzó a buscar a Miguel, seguramente habló con el autor del recuadro y este lo derivó al fundador en 1953 del Cine Club Núcleo: Salvador Samaritano, quien había realizado en ese templo del cine-arte una retrospectiva de la producción cinematográfica de Littin.
El “negro” le dijo:_ “El único que puede saber algo de él es Franqui” y le dio mi teléfono.
Berta era la recepcionista de Fasano Producciones, la agencia de publicidad desde donde, entre otras tareas, producíamos el suplemento de Arquitectura del mencionado matutino.
Sonó el teléfono y una voz centroamericana preguntó por mi, ante la respuesta de mi ausencia en ese momento Gabo le dijo: “Dile a Franqui que Miguel no hable con nadie sobre esto, yo quiero escribir sobre esta aventura, que me llame urgente”, sorprendida por el raro mensaje Berta le preguntó quién era que hablaba, ante su respuesta, comenzaron sus balbuceos, sonidos guturales, tartamudeos, “Sí, m´hija, soy yo !! pásale el mensaje lo antes posible”, y cortó.
Franquie x GABO
El largo encuentro de Miguel con Gabo se realizó en La Habana y allí le contó los detalles de las singulares vivencias en su país.
Inevitablemente aparecí en el relato y allí, por razones de seguridad el periodista-escritor hizo una triquiñuela con mi nombre, señaló que me llamaría con un nombre falso y escribió el mío, pero… le agregó una “e” en el final.
Desde hacía muchos años yo había cambiado el sobrenombre que los Mertens había logrado imponer para no llamarme Francisco como mi viejo, el yankee Frankie por Franqui, que tomé del gran historietista francés Franquin, autor de Spirou y Fantasio, comics que fueron gran compañía en mi adolescencia y mis principales docentes de la lengua gala. En esa época, para diferenciarme de mi labor publicitaria usaba ese apodo en la actividad cinematográfica.
Hubo una razón: Carlos Franqui fue un escritor que luego de activa militancia en la revolución, se convirtió en un disidente que criticaba a la misma desde el exilio hasta su fallecimiento en Puerto Rico. Un “heroe” del libro que García Márquez se aprontaba a escribir no podía llamarse igual que un “gusano”
La nacionalidad que me asignó fue como compatriota de Miguel y una residencia en Venezuela. En los créditos del film se pone correctamente mi nombre.
El libro “La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile” fue Best Seller durante varios meses en el mundo. Para mí siempre fue un gran reportaje del destacado periodista colombiano.
Una tarde recibo el llamado del actor chileno residente en Buenos Aires Pato Contreras, quien me pregunta si ese “Franquie” que figuraba en el libro era yo. Acababa de llegar de Madrid donde todos los días el diario “El País” publicaba un capítulo que él leía cada mañana cuando desayunaba en el tradicional y mítico Café Gijón, en el “Paseo de la Castellana ”, el mismo a donde ese año concurriría yo cuando me instalé en la capital española para supervisar durante cinco meses la edición de la miniserie “Acta General de Chile” en Televisión Española, principal productora del proyecto. Una tarea compleja, ya que el material fílmico y las cintas de audio fueron saliendo sin ningún reporte en valijas, bolsos o carteras de diferentes viajeros y se concentraron en la central de TVE en Prado del Rey. Mi tarea era reconocer imágenes y sonidos y lograr su sincronización, casi una tarea de realismo mágico.
La película de dos horas de duración compitió y ganó en el Festival de Cine de La Habana de 1986, allí estuve y cuando me encontré con Gabo le dije: “No siempre tenés la oportunidad de dialogar con uno de tus personajes…”, en ese momento me comentó que fruto de la búsqueda inicial, le había impactado el nombre de quien le diera mi teléfono “Salvador Samaritano”, y que lo había incluido en una de sus novelas.
En esos días se inauguró la Escuela Internacional de cine y televisión de San Antonio de los Baños, creada por García Márquez y dirigida por Fernando Birri, en la extensa ceremonia asistimos al discurso del Comandante Fidel Castro, que empezó de día y culminó horas después en plena noche, un evento en el que se encontraban, además de Silvio y Pablo, Jorge Amado, Harry Belafonte, Julie Christie y muchas personalidades vinculadas al séptimo arte.
El festival culminó a toda orquesta y esa mañana Fidel invitó a todos los participantes del mismo, unos 1.500 cineastas, productores, técnicos y actores a un lunch en el palacio de gobierno.
Los argentinos estábamos naturalmente agrupados en un sector del amplio y señorial espacio, Eliseo Subiela, Lita Stantic, Raúl Tosso, Armando Rapallo y muchos otros mientras degustábamos el generoso refrigerio esperábamos la presencia del comandante.
Un doble puerta se abrió y allí salió una comitiva con Fidel a la cabeza custodiado por una renegrida guardia pretoriana de fornidos globetrotters que no superaban en altura al gran jefe.
Nunca me gustó el “besamanos” y por eso lo miré de lejos. Por uno de esos serpenteantes recorridos el periplo pasó a dos metros de donde estábamos, Gabo me saluda y allí me salió el cholulo escondido en algún lugar de mi ser y le dije: “Preséntame al comandante no?”, su respuesta señalándome el final de esa parte del salón fue: “_Esperanos allí”.
Lentamente, dudando en ese momento de lo acertado de mi pedido, comencé a caminar hacia ese destino, de repente siento su voz casi gritando: “Fasano !!”,  me doy vuelta y lo veo agitando su mano diciéndome gestualmente que fuera en ese momento. Mis compañeros me miraban con cierto asombro.
El muro humano se abrió y me dejó pasar. Gabo le dijo a Fidel: “Este es Franquie, el que acompañó a Miguel en su viaje a Chile”, El gran oso polar me pasa su brazo izquierdo por sobre el hombro (no podía ser otro), y me dice: “A ti te salvaba tu condición de argentino, pero si los pillaban no la iban a pasar bien…” Queda claro que conocía en detalle lo sucedido más allá de lo escrito. El diálogo siguió con alguna broma mía sobre la trascendencia del libro de García Márquez y la salida del anonimato, quizás fueron dos minutos, o sólo segundos, pero subjetivamente me pareció extenso el encuentro. La compuerta de custodia volvió a abrirse y salí tratando de disimular la satisfacción de lo vivido, como si no me importara, el grupo me miraba raro.
Al día siguiente emprendía mi regreso a Buenos Aires, Miguel y su mujer “ La Ely ” me fueron a despedir en la puerta del tradicional Hotel Nacional, allí me dicen: “¿Así que estuviste con Fidel ayer?”
_”¿Quién te lo contó?” pregunté. _”él mismo…!!!” fue su respuesta.
La noche anterior Francis Ford Copolla cocinaba en la casa de Gabo en La Habana unos fetuccini al aglio e olio, en la cena estaba el matrimonio Littin. A la una de la madrugada cayó Fidel de sorpresa, como acostumbraba hacer y al verlo a Miguel le dijo: “_Hoy estuve con Franqui en el Palacio de Gobierno”,
Cabe recordar que el fugaz encuentro fue en un evento al que concurrieron 1.500 asistentes.
La Ely , mi hermana adoptiva, llevó una edición cubana del libro de García Márquez y le pidió que me lo dedicara, así lo hizo y lo conservo como un muy apreciado trofeo.
Comparto este recuerdo real y mágico Crédito en Acta Gral Chile (2)
Franqui (e)

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