El Presidente de todos los uruguayos descubre que desde hace más de una década el valor de la tierra más que se triplicó, mientras que los dueños de esa riqueza siguen pagando los mismos impuestos a los valores de antaño, mientras el país productivo prometido, clama a los gritos que le proporcionen infraestructura imprescindible. La evidencia de lo injusto le abofetea el rostro, apela entonces al escudo de los débiles, siempre a la mano desde que asumió, y en andas del sentido común enfadado lanza su idea del micro impuesto a los grandes latifundistas. Y arde Troya. El truco de los fuertes sale en defensa del inmenso anacronismo agrario. Pero lo peor no es el aullido de quienes se oponen a todo margen de distribución por mínimo que sea, esa conducta está en sus genes de acumulación ilimitada, lo peor es el silencio de los débiles y las trabas de quienes más deberían defender iniciativas de equilibrio y sensatez, como la que Mujica planteó con el impuesto a los terratenientes de más de 2 mil hectáreas. Me tomé el trabajo de investigar cuántos serían los afectados y mi asombro fue inmenso. Sólo el 2% de las empresas agropecuarias deberán pagar ese micro impuesto. El 98% restante queda afuera del gravamen y continuará abonando el viejo impuesto sin actualizar, pese a la descomunal suba del valor de la tierra. Solo 1.143 empresas agropecuarias de las 47.288 que trabajan en todo el territorio nacional, contribuirán con este impuesto o aporte o como se llame. La idea del Presidente apunta a debilitar la concentración de la tierra que es realmente alarmante, mucho más peligrosa que la concentración del ingreso y de la riqueza en todo el país. El 2% que abonará este impuesto posee el 36% de la superficie total de la tierra uruguaya. Y el 98% que queda administra el 64% restante. El dueño de un campo de 2 mil hectáreas, con un Índice Coneat 100, valorizado en 6 millones de dólares, sin contar los activos que posee arriba del campo, deberá abonar el 0,27% anual del valor de la tierra, casi cuatro veces menos que el 1%. Y sin embargo, el coro de plañideras profesionales ensordeció con su llanto, mientras que ensordecía con su silencio el coro de los indiferentes. ¿Saben acaso los plañideros que Uruguay tiene la carga tributaria sobre la propiedad de la tierra más baja de América Latina y es uno de los 5 países en el mundo de menor presión impositiva al campo?
Creo que sí lo saben. Pero hace mucho que perdieron la virginidad de sus billeteras.