El comunicado de ayer, ampliamente difundido por el Ministerio de Relaciones Exteriores, es
lamentable. Patético. Asombrosamente necio. Triste, de una infinita tristeza. Y torpe.
Tiene nuestra Cancillería más prisa en intentar desmentir a LA REPUBLICA, que en averiguar
mínimamente los hechos. Por eso, además de torpe, su comunicado hace el ridículo.
Ayer de mañana nuestro Embajador en Guatemala calificó de “canallada” la información que
brindamos sobre su conducta ante los once uruguayos secuestrados y robados en la selva, a
los que dejó prácticamente librados a su suerte.
Pocos minutos más tarde los superiores del embajador Alfredo Menini Terra asumieron su
defensa. Y dicen: que quieren hacer “puntualizaciones” sobre lo informado y afirmado por LA
REPUBLICA. Se precipitaron y se precipitaron. Por enésima vez la conducción política de la
Cancillería es un desastre.
¿Cómo se atrevieron a tanto habiendo testigos calificados sobre los hechos, pertenecientes al
mismo Estado que los abandonó en la conducta de nuestro embajador Menini Terra? ¿Creen
que ellos, sus familias, sus propios jerarcas y sus amigos, son una colección de estúpidos?
Hemos tenido malos cancilleres y tiempos adversos para nuestra imagen internacional, pero el
esfuerzo de los actuales conductores de la diplomacia uruguaya los coloca, sin duda, en sitial
todavía peor.
Con un Canciller que tiene tantas cosas para explicar al Parlamento y al país, añadirse piedras
en su propia sopa, es realmente un dislate. Ningún diente sobrevive a tanta injuria.
Pero vayamos al comunicado. No puede creerse.
Comienza afirmando que la Cancillería se enteró del asalto a los contadores el 31 de octubre,
un día después de ocurridos los hechos. Y añade que la información procedente de la
embajada uruguaya en Guatemala tenía carácter urgente. ¿Tardó la embajada 48 horas en
enviar una comunicación “urgente”? Porque los hechos ocurrieron el día 30 por la mañana.
Y nuestra Cancillería, ¿qué hizo? Eso es muy misterioso. Según el comunicado, nada. Lo que
si se hizo fue no decir palabra sobre lo ocurrido. Los hechos se ocultaron a todo el país durante
ocho días hasta que fueron revelados únicamente por LA REPUBLICA Nada nuevo, porque es
costumbre de este gobierno ocultar todo hasta que LA REPUBLICA informa a los ciudadanos.
Y luego, también es costumbre de este gobierno, tratar de desmentirnos, hasta que los hechos
aplastan los desmentidos como en el reciente caso de la desmentida dimisión del ministro
Opertti.
Según la embajada, “afortunadamente no sufrieron ataques físicos”, sino que solamente fueron
“despojados de todas sus pertenencias, luego de ser atados y dejados tirados en la carretera”:
¿Cómo lo sabe la Cancillería y el señor embajador? Porque él se negó a ir a socorrerlos. Y no
los dejaron en la carretera y si sufrieron ataques físicos. Lo afortunado fue que no mataran a
los hombres y violaran a las mujeres.
Pero díganos señor Embajador, señor Canciller y Señor Subsecretario: ¿qué cosa más
importante tenía que hacer que le impidió socorrer a once compatriotas abandonados en la
selva sin dinero, atemorizados y librados a su suerte en un país extranjero?
¿Qué cosa más importante tenía que hacer?
Tampoco es verdad que el señor embajador les haya conseguido locomoción: la consiguieron
ellos mismos. Y la escolta policial que les mandó, los abandonó a mitad de camino y no la
volvieron a ver.
Tampoco es verdad que el señor embajador no sabía que estaban en Guatemala: varios de
ellos, incluyendo al contador Juan Carlos Herrera, de UTE, estuvieron con él en el Aeropuerto
el día en que llegaron a Guatemala. Se presentaron y lo pusieron en conocimiento.
Pero además, esta enorme cancillería que tenemos, ¿ni siquiera fue capaz de informar a la
embajada uruguaya en Guatemala que viajaba una delegación oficial de 25 profesionales del
ámbito público? ¿Qué es esto? ¿No se dan cuenta los redactores de este infeliz comunicado
que muestran la torpeza de la propia Cancillería, que ni siquiera sabe ni hace saber sobre
hecho tan notorio?
Para colmo, la Cancillería asegura no haber recibido queja o denuncia alguna. ¿Habrá que
hacer una manifestación pública para que se enteren de que abandonaron a compatriotas, a
sabiendas de que habían “sido despojados de todas sus pertenencias”, según afirma la
propia Cancillería? ¿No se dan cuenta de la enorme estupidez de sus propios dichos? ¿Qué
tendria que ocurrir, para que nuestro ocupado embajador en Guatemala los hubiera podido
atender?
No queremos imaginarlo.