CARACAS, 1 de julio. Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1970,
denunció aquí que los militares argentinos intentan entregar el gobierno y
quedarse con el poder, “pretensión que no será aceptada por la sociedad de mi
país”.
Pérez Esquivel, participante aquí en el Congreso sobre el Pensamiento Político
Latinoamericano, que sesiona en homenaje al bicentenario de Bolívar, explicó
a este periódico que el gobierno castrense de Buenos Aires trata, de retener en
sus manos el poder judicial y mediante el expediente judicial de la inamovilidad
de los magistrados por ellos designados mantener intacto el aparato represivo.
Las recientes ejecuciones de los dirigentes de la izquierda peronista Cambiaso
y Pereyra Rossi fueron aportadas por el defensor de los derechos humanos
como prueba de que “ciertos sectores militares intentan mantenerse en el
poder a cuálquier costo. Esta fría operación de asesinatos premeditados –
puntualizó- fue ejecutada en una operación concertada, en momentos en que
nosotros concretábamos el ayuno contestatario en protesta por el Documento
Final de la Junta Militar, coincidiendo además con la ofensiva contra el diario La
Voz, dirigido por Vicente Leónidas Saadi”.
El “Documento Final” de los militares argentinos sobre los desaparecidos fue
calificado por Pérez Esquivel como la institucionalización de un “horroroso
genocidio contra el pueblo argentino”.
“No descansaremos hasta que los niños desaparecidos, que sabemos que
están vivos, sean devueltos a sus hogares, hasta que los prisioneros que
fueron vistos con vida recuperen su libertad confiscada, hasta que se indique el
lugar donde descansan los cuerpos de los asesinados”, insistió.
La justificación aportada por los militares, dijo, basada en que las
desapariciones concretadas fueron actos de servicio, constituye un crimen
contra la humanidad, que no podrá jamás prescribir, y añadió: “¿Acto de
servicio a quién y a favor de quién? De lo que estamos seguros es que fue un
acto de servicio no a favor del pueblo sino contra éste. O lo que es peor –
enfatizó- que estos actos de servicios de nuestros militares fueron exportados a
toda América Latina, donde las dictaduras aprendieron rápidamente cómo
concretar desapariciones convirtiéndolas en actos de servicio”.
Puntualizó luego que esta pesadilla no es la locura de cuatro o cinco militares,
“en ella también tuvieron participación especial los Chicago Boys, los Martínez
de Hoz, los sectores financieros que destruyeron el aparato productivo del país,
implementaron la deserción escolar que alcanza hoy por hoy un 50%,
pauperizaron a la sociedad y aumentaron las tasas de enfermedades a niveles
insospechados”.
Para que “esta pesadilla no vuelva a repetirse”, Pérez Esquivel abogó por una
restructuración profunda de las fuerzas armadas argentinas, modificando los
principios sobre los cuales se asienta la necesidad del servicio militar
obligatorio, así como la modificación de los planes de estudios en las escuelas
militares, y la consagración del derecho natural de los subordinados a negarse
a ejecutar y hasta a oponerse si fuere necesario, a aquellas órdenes de sus
superiores que vulneren los principios de la Constitución del país y los de la
propia institución castrense.
“Nuestras fuerzas armadas -explicó Pérez Esquivel- han sido formadas en la
tradición prusiana de ciega obediencia y hoy deben ser educadas en la
obediencia en libertad, única forma de garantizar que no volvamos a caer en la
serie interminable de golpes de estado. Sobre todo —añadió— teniendo en
cuenta que en mi país cada golpe de estado ha sido peor que el anterior”.
Finalmente, el premio Nobel argentino propuso que se erradique de la vida
institucional la insana costumbre de hacer depender a las fuerzas policiales de
seguridad de las fuerzas armadas. “Nunca entendí -culminó- por qué un
general debe ser siempre el jefe de policía”.