Que se vaya el coronel. Inadmisible ofensiva uruguaya

Si algo hemos de apreciar de las dictaduras latinoamericanas es su sinceridad al designar a
sus embajadores en México: la mayor parte de ellos son verdaderos representantes de sus
gobiernos, es decir, reproducen en sus actitudes el carácter siniestro de los regímenes a los
que encarnan entre nosotros.
Es ampliamente conocido, por ejemplo, el caso de Jorge Palmieri, embajador guatemalteco
que no ahorra ocasión de agraviar a los mexicanos, so capa de una procaz defensa del
orden interno de su país. Dotado del magnavoz que significa el principal noticiero de la
televisión comercial, del que por supuesto fue corresponsal en Guatemala, el señor Palmieri
hace ya rato que debiera haber sido declarado persona no grata por nuestro gobierno.
Sin embargo, tal vez le anteceda en esa calificación (o al menos se produzca su traslado,
aún sin declaración expresa), el embajador de Uruguay en México, coronel Yasi Rovira
Beloso. El gobierno militar que bajo la patética cobertura de un civil subordinado agobia a
los uruguayos, nos hizo el favor de enviar como su representante a un antiguo miembro de
los cuerpos de caballería, que además desarrolló misiones como funcionario del servicio de
inteligencia del ejército y del organismo coordinador de operaciones antisubversivas.
Hace dos semanas, la Cancillería mexicana recibió copia de una carta ofensiva para nuestro
país dictada y firmada por el coronel Rovira, que en el peor de los casos debe merecerle
una reconvención por parte de Tlatelolco. Ocurre que a fines de octubre, la Unión Nacional
de Mujeres Mexicanas pidió al gobierno uruguayo por conducto de su embajador la libertad
de la presa política Mary Aiello de Bonessi, enferma de gravedad, madre de dos niños, de 7
y 6 años, y esposa de un preso político condenado a 20 años de prisión.
El coronel Rovira se tomó exactamente mes y medio para responder. El 15 de diciembre
pasado giró una carta en que luego de explicar que el preso defendido por la Unión Nacional de Mujeres Mexicanas (ellas en realidad abogan por la mujer de ese preso, no por él mismo)
participó en el homicidio de cuatro soldados, muy jóvenes, les informa que “esta presa
política está mejor atendida en su enfermedad que lo que podrían estar ustedes si tuvieran
algún problema y que su marido vive muy bien y que sus hijos no van a tener problemas
porque si sus abuelos no tienen medios, existe una organización del Estado que se
denomina Consejo del Niño que se ocupa de esos problemas”.
“La Unión Nacional de Mujeres Mexicanas, continúa con su espesa sintaxis el embajador-
coronel, se me ocurre que está muy mal informado pero compartiendo su idea de hacer
bien, le sugeriría hicieran alguna colecta en beneficio de los deudos de esos cuatro muertos
y de otros cientos de asesinados por la sedición, para ayudarlos en la difícil situación que
atraviesan, porque hasta ahora no he leído que ninguna organización se ocupara de ellos; o
mejor -ya que la caridad empieza por casa- encaucen sus esfuerzos en la ayuda a tantas
mujeres que vemos en las calles de México solicitando una ayuda mientras sus pequeños
duermen en el piso entre las escasas mercancías que venden”.
Y concluye el corone! Rovira: “Señoras, estar en la ‘onda’ como se dice es muy “chic’, todo
el mundo quiere estarlo. La defensa de los presos ‘asesinos’ políticos (es el embajador
quien entrecomilla la palabra asesinos) es el eslogan que nos hace aparecer demócratas y
defensores de la justicia y de los derechos humanos, pero con ello estamos apoyando la
subversión y a los traidores del mundo”.
El burro hablando de orejas: la traición y la subversión fueron en Uruguay practicadas por el
ejército al que pertenece el coronel Rovira, coronel que no tiene quien le escriba, a juzgar
por sus dislates. Fuera bueno que se fuera.

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